* “Cernunnos es un dios con cuernos de la mitología céltica. Está vinculado con los animales machos, en particular con el ciervo en celo, y esto ha conducido a asociarlo con la fertilidad y los frutos. Descripciones de Cernunnos son encontradas en muchas partes de las Islas Británicas y la Europa occidental . Él es retratado frecuentemente con barba y un pelo salvaje, cubierto de maleza: Él es, a fin de cuentas, el Señor del Bosque.” Patti Wigington y Zan Fraser, “Cernunnos: el dios salvaje del bosque”
* “Para conocer un poco más a esta Divinidad céltica comenzaré citando algunos de sus otros nombres conocidos según los territorios en los que fue venerado. De esta manera en los territorios de los celtas galeses fue conocido como Herne el Cazador, en el continente poseía otros nombres asociados como Kernunnos, Cernowain, Belatucadrus (Origen de todo) o incluso Vitiris (el que fecunda). Entre los druidas recibía el apelativo de Gran Padre o Hu’Gadarn y Hu Gadam. El romano Julio Cesar lo llamó Dis galli Pater (el padre de todos los Galos), luego este apelativo se vio reducido simplemente a Dis pater. De todos estos nombres y otros menos conocidos como Cerne, se desprende que este dios era pan-céltico, es decir, común a la mayoría de los pueblos celtas.
En realidad la veneración a este Dios, representado astado, es decir, con cornamenta, en la mayoría de los casos cérvida, lo que ha dado lugar a llamarlo también el Dios Ciervo, es una representación de antiguos cultos animistas del neolítico, incluso anteriores a los establecimientos celtas.
En España, por poner un ejemplo, hay hallazgos notables que atestiguan su culto. Dibujos y representaciones pictóricas en cavernas. También en algunas esculturas de la Numancia pre-románica, se han encontrado representaciones de un dios con cornamenta cérvida.
[…] Su culto está relacionado con la fertilidad, con la vida salvaje, Señor de todos los animales y protector de éstos. Dios de la sabiduría, de la renovación de las estaciones e incluso del mundo subterráneo. Reverenciado como máximo exponente del amor físico, de la virilidad e incluso de la reencarnación.
Este antropomorfo Dios nace en el punto de máxima inflexión del solsticio de invierno y de acuerdo a las normas del ciclo vital, muere en el punto álgido del solsticio de verano. Muere y renace constantemente en el perpetuo ciclo de la Tierra.” Iolair Faol , “Cernunnos”