* “Las trazas más antiguas de la poderosa religión del Gran Astado, que floreció a través de las tierras de Eurasia antes de que comenzara la historia, se localizan principalmente en las
pinturas rupestres del período Paleolítico. […] dador de la muerte y de la fuerza vital, representado como un hombre astado, es probablemente la concepción más temprana de la Divinidad, junto a
la iconografía de la Madre Suprema, que cristalizó en las profundidades de la psique prehistórica. El arquetipo es más viejo que las montañas, más allá del calendario, alcanzando cotas
inimaginables de antigüedad, residuos primarios de una memoria ancestral, porque el Maestro Astado como Señor de este mundo y del Otro Mundo ha gobernado desde el tiempo antes del tiempo,
omnipotente y misterioso.
Los viejos iconos son testimonios mudos de los encuentros iniciaticos y de las transformaciones sufridas por sus sacerdotes-chamanes en los vastos bosques, pantanos y montañas del mundo
primigenio. El Gran Dios era el Cazador Divino que permitía a sus fieles la caza, que propiciaba y otorgaba buena suerte a los creyentes que perseguían las manadas de bisontes salvajes, ciervos y
cabras. Para estos cazadores prehistóricos, el Dios de Dos Cuernos era la encarnación del Dador de Vida y Muerte, el implacable y poderoso poder que dominaba sobre las praderas. Él era el Gran
Hechicero, y como tal, era la fuente de las facultades mágico-psíquicas que permitían a la temprana humanidad sobrevivir en un entorno salvaje mediante la guía de la astucia, la intuición y la
fuerza de la suerte mágica.
Sin embargo, el Maestro nunca fue una simple deidad de la caza, ya que encarnaba los diferentes estados de trance del espíritu y los éxtasis mágicos cultivados entre los tempranos chamanes del
Pleistoceno. Como dios cósmico de la vida y la muerte, el Astado era la divinidad Janus que permanecía entre los mundos, entre las esferas de la luz y la sombra, día y noche, tomando parte de
ambos y al mismo trascendiéndolos en los estados más elevados de conciencia. Los antiguos ritos del Dios Astado se realizaban para armonizar este gran campo de numinosidad a través de los mundos
visibles y los invisibles, y para despertar los poderes base de la psique mágica a la que se accedía mediante su arquetipo. Estos objetivos son todavía viables dentro de su culto, y existen hoy,
buscando desvelar la Auto-Sabiduría que irradia y brilla más allá del mundo fenomenológico de la dualidad. Dentro de la imagen del Antiguo Señor, el Dios y la Bestia están unificados, y esta
bi-unidad trascendental está resuelta, lo que se expresa por el Signo de los Cuernos, siendo el ejemplo del perfecto Hechicero dentro de la Antigua Religión. Nigel Jackson, “Iconos del
maestro primordial”