* “En las culturas donde la caza y la pesca forman parte de los medios de subsistencia, aparece la creencia en un espíritu al que los animales pertenecen y deben su conservación y reproducción; es el llamado Señor de los animales uno de los tipos más antiguos de seres sobrenaturales o sobrehumanos. […] el Señor de los animales tiene una función moral, ya que niega la caza a los que matan inútilmente o a los que violan las normas sociales, y para concederla exige ofrendas y otros actos rituales. O sea, que desempeña un papel importante en la sociedad, permitiendo al hombre un control sobre ese mundo que está fuera de la influencia humana y que por ello es imprevisible y amenazante para la cacería o la recolección.” Mercedes de la Garza, “Los animales y lo divino”
* “En las culturas siberianas, a parte de los señores de los animales, concebidos como espíritus protectores colectivos, y de los diversos espíritus y divinidades de la naturaleza, de los
bosques, de las montañas, de los ríos y del mar que ejercían igualmente funciones de Señores de los Animales, había diversas divinidades de la caza más importantes, cada una de las cuales tenía
rasgos personales y nombre propio. […] Entre los diversos grupos tungus y también en la región de los yakuto, la divinidad suprema de la caza era el Rico Padre (Bainaca o Bajan Ami), al que se
representaba como un viejo de cabellos blancos, que habitaba en la taiga con los animales salvajes que le pertenecían y concedía a los cazadores, a su capricho, felicidad y buena suerte en la
caza. Este Señor del bosque y de la caza también fue venerado bajo nombres etimológicamente similares por los buriato y los yakuto. Los evenk occidentales o tungus del Yenisei veneraban como
divinidad suprema y Señor de la caza (sobre todo de los alces y renos salvajes) al dios Ehekon o Hinkon, dios antropomorfo o zoomorfo. Hacían a imagen de este Dios unos ídolos de madera que
ocupaban un lugar central en el curso de las ceremonias de purificación de los cazadores y de sus pertrechos de caza, que tenían lugar en otoño antes del periodo de caza. Esta divinidad parece
proceder de los espíritus de la caza de diversos dialectos tungús, que en el oeste sobre todo, engloban colectivamente bajo los términos singken o hingken, que podrían según Anisimov, tener esta
triple significación: Espíritu soberano de los animales y de la caza, suerte o éxito en la caza y fetiches de caza.[…] Los Yakuto la denominaban Bai chara ta iccita bai, bajanai bai barilach (el
rico señor del bosque negro, el rico bajanai, el rico barilach), nombre completo de esta majestad del bosque. Se tenía a este Dios del bosque, antropomorfo y masculino, por el señor y protector
de todos los animales, que podía conceder, pero también negar, la caza a los cazadores.” Ivan Paulson “Las religiones en los pueblos sin tradición escrita”