* “El chamanismo está ampliamente extendido entre los pueblos cazadores y recolectores. […] Teniendo en cuenta que el hecho religioso se mantiene durante largos periodos de tiempo, incluso en
sociedades dinámicas, […] en buena lógica deberíamos considerar como hipótesis previa la existencia de un fuerte entramado chamánico en las religiones paleolíticas.[...] A menudo, los sitios
pintados o grabados son considerados como una entrada al mundo de los espíritus, una puerta que puede operar en ambos sentidos. Esos sitios también facilitan la llegada de visiones. Una persona
que pretenda acceder al mundo sobrenatural irá a un lugar solitario para esperar una visión, a menudo al pie de una pared cargada con el poder de sus imágenes. […] Fueron a los más remotos
pasillos y recovecos, a veces a lugares donde sólo cabían una o dos personas al mismo tiempo. Allí, lo importante era el acto de representar, no el resultado. Por el contrario, en grandes salas
se hicieron impresionantes composiciones, y otras pinturas se superpusieron en complejos palimpsestos. Esto implica la participación en ceremonias colectivas en las que las imágenes jugaban un
papel en la perpetuación de las creencias, las visiones del mundo y las prácticas rituales para obtener la ayuda de los espíritus.
[…] Sabemos que repetida y deliberadamente entraban en la profundidad de las cuevas para plasmar representaciones, no para vivir allí, y eso ocurrió durante inmensos periodos de tiempo. También
sabemos que en todo lugar y en toda suerte de mitologías, el mundo subterráneo ha sido considerado como el reino de lo sobrenatural, de los dioses, la muerte o los espíritus. Ir allí era
aventurarse en el otro mundo para reunirse con sus moradores. La analogía con los viajes del alma del chamán es obvia. Además, las experiencias de espeleólogos contemporáneos avalan las
propiedades alucinógenas de las cuevas. Estas alucinaciones accidentales se deben al frío, la humedad, la fatiga, y la falta de estímulos externos. Cuando los magdalenienses o sus predecesores
iban a la profundidad de las cuevas, sabían que penetraban en el mundo de lo sobrenatural y esperaban encontrarse allí con los espíritus. En tal estado mental, reforzado por la tradición, la
posibilidad de tener visiones se acrecentaba. De este modo, las cuevas tenían una doble función: facilitar las visiones y acceder a los poderes a través de la pared, que era una suerte de velo
entre el otro mundo y el nuestro. Así, el uso de relieves naturales cobra pleno sentido: se creía que el propio espíritu del animal estaba presente en la roca, literalmente al alcance de la mano.
Mediante la representación, se llegaba a él a través del velo de la pared y se conectaba con su poder. Los agujeros, tubos y galerías profundas jugaban un papel similar, como lugares por los que
los animales surgían.” Jean Clottes, “Chamanismo en las cuevas paleolíticas”