* “El baile sagrado era otra forma de evocar el alma animal de la humanidad. La huella de pies formando un círculo ha sido descubierta en las cuevas de Tuc d´Audoubert y de Montespan en el sudoeste francés. Hombres y mujeres vestidos con pieles de animales pudieron haber bailado aquí los rituales de caza y fertilidad centrados en determinados animales, como el oso, el caballo y el bisonte. El estudio de las culturas supervivientes de la Edad de Piedra ha mostrado lo vital que es el mantenimiento de una relación viva entre las costumbres humanas y los poderes invisibles de la vida encarnados en los animales. […] Los tamborileos de los pies humanos en periodos posteriores eran parte de un ritual de fertilidad y los bailarines enmascarados constituían un medio deliberado de aproximarse a las capas más profundas de la psique, dónde tenía lugar la reunión extática de la naturaleza humana y la animal.” A.Baring y J. Cashford, “El mito de la diosa”
* “En las sociedades cazadoras, la fertilidad de seres humanos y animales, la sociedad y las especies, se consideran estrechamente relacionadas. Existen todavía en la actualidad algunas culturas de Siberia donde la reproducción animal se propicia con danzas y luchas que representan el celo y el apareamiento. A estas ceremonias los chamanes las llaman Ritual de renovación de la vida. […] En ellas, cada personaje tiene un rol. Se visten para la ocasión, como si de un teatro se tratase, con el fin de lograr fusionarse con el mundo místico y la naturaleza real. Es práctica común el hacerse trajes con pieles de animales y usarlas como abrigos o mantones de sus cabezas como capucha. Como un modo más de fusionarse con su espíritu guía o protector.” Neus Florez Jimenez, “Schaman, el hombre de conocimiento”
* Una pista sobre el significado de la escena del Hombre-bisonte la encontramos en su analogía simbólica con rituales del Egipto Antiguo: “Hay dos nexos entre Egipto y el dios danzante de Ariège. En una planchuela de pizarra que data del periodo anterior al principio de la historia egipcia, aparece representado un hombre con la cabeza y la cola de un chacal ; como en el ejemplo de Ariège, el cuerpo, las manos y los pies son humanos; toca una flauta y, al igual que el dios paleolítico, se encuentra rodeado de animales. El otro nexo es el atuendo ceremonial del faraón, que en las grandes ocasiones llevaba una cola de toro colgando del cinturón. El sed-heb, o fiesta del rabo, en la que el rey era investido con el rabo, era una ceremonia real de las más importantes. Una danza sagrada ejecutada por el faraón llevando el rabo del toro, aparece a menudo representada como si se efectuara en un templo ante Min (Dios de la fuerza generadora de la naturaleza, de la fertilidad, de la vegetación y de la lluvia)”. Margaret Murray, “El Dios de los brujos”