* “Quizá la más conocida de las hormonas del nacimiento sea la oxitocina, la hormona del amor, la cual es secretada durante la actividad sexual, el orgasmo masculino y femenino, el parto y la lactancia. La oxitocina genera sentimientos de amor y altruismo; como dice Michel Odent: En cualquier faceta del amor está involucrada la oxitocina.” Dra. Sarah J Buckley, “Nacimiento extático”
* “La cualidad especifica de la libido materna es el devenir pasión irrefrenable por cuidar de la pequeña criatura; pasión por alimentarla, protegerla de la intemperie, del frío y de las sequías,
para darla bienestar: esta pasión desarrolló la imaginación y la creatividad de las mujeres para recolectar, hilar, tejer abrigos, conservar y condimentar alimentos, hacer cacharros de barro,
etc., etc. El cuidado de la criatura se convierte en la prioridad absoluta de la madre y a su lado, el interés por las demás cosas se desvanece. Es la condición misma, la cualidad del deseo y de
la emoción materna, que para ese cuidado de la vida mana de los cuerpos maternos. Cualquier invento de amor espiritual no es sino una mala copia, un pálido reflejo de la intensidad, de la pasión
y de la identificación absoluta del cuerpo a cuerpo madre-criatura. Y esta cualidad especifica de la libido materna, no es una casualidad ni una arbitrariedad. El cuerpo materno durante la
exterogestación es nuestro nexo de unión con el resto del mundo durante la etapa primal, porque desde ese estado de simbiosis se pueden reconocer nuestros deseos y necesidades; a la vez que ese
estado potencia las facultades y energías necesarias para satisfacerlas.
Ahora bien, nuestra sociedad actual no tiene nada que ver con la vida humana autorregulada; desde hace más de 5.000 años, según los sitios, vivimos en una sociedad que no está constituida para
realizar el bienestar de sus componentes sino para realizar el Poder. Y por eso al Poder le estorba la sexualidad de la mujer, los cuerpos de mujeres que secretan libido maternal. Porque una
sociedad con cuerpos femeninos productores de libido materna, es incompatible con todo el proceso cotidiano de represión que implica la educación de niños y niñas en esta sociedad. […] Por eso la
sociedad patriarcal se ha ocupado a lo largo de estos milenios de romper la simbiosis madre-criatura (Michel Odent), para que nada más nacer la criatura se encuentre en medio de un desierto
afectivo, de la asepsia libidinal, y de las carencias físicas que acompañan a la ruptura de la simbiosis, para las que su cuerpo no estaba preparado.” Casilda Rodrigañez, “Pariremos con
placer”