* “En las laderas de los Pirineos, en un lugar llamado Lespugue, reposó desde milenios en una zanja cubierta de barro esta delicada escultura. De sólo 14 cm. de altura, fue esculpida en el marfil de un mamut. No tiene manos ni pies y sus piernas se afilan hasta formar una punta; parece, pues, que estuvo clavada en la tierra, o que se fijó sobre una base de madera, para que pudiese permanecer erguida, donde pudiera ser vista. La parte superior de su pecho se aplana para formar una curva, que se eleva hacia una cabeza casi serpentina que se inclina hacia delante, de modo que su frágil cuerpo subraya su capacidad para dar a luz y proporcionar alimento. Sus brazos descansan sobre sus pechos, que penden, alargados, y que se funden con su vientre pleno y redondeado; sus nalgas y muslos están desproporcionadamente abultados, como si contribuyesen también al acto de dar a luz. Sus pechos y nalgas dan la sensación de ser cuatro huevos que transporta en el nido de su cuerpo gestante. Diez líneas verticales han sido trazadas desde debajo de sus glúteos hasta la parte trasera de sus rodillas, dando la impresión de ser las aguas del parto que caen profusamente de la matriz, como la lluvia. Las diez líneas sugieren los diez meses lunares de la gestación en el útero.” Anne Baring y Jules Cashford, “El mito de la Diosa”
* “Quién creara la Venus de Lespugue resaltó las dimensiones del vientre, el sexo y los senos, haciendo alusión, quizás, a un significado maternal; y ha descuidado las extremidades de una forma
que llama la atención. Y es que este aspecto no deja de ser sorprendente teniendo en cuenta el especial detalle y cuidado que se ha puesto en la representación de las citadas partes del cuerpo.
De este modo, la Venus tiene apenas sugeridos los brazos y también es notable la desproporción en el volumen de las piernas. El cuerpo está tratado de manera sencilla, mientras que las
pantorrillas y los antebrazos son delgados y carentes de fuerza, en contraposición con lo voluminoso del resto del cuerpo. Por tanto, las partes del cuerpo que no tienen relación directa con la
fecundidad no han sido tomadas en cuenta; no tenían, para el autor, la misma importancia que el simbolismo maternal de otras partes del cuerpo. Este hecho no es en absoluto infrecuente en las
Venus que se han encontrado de ese período. Asimismo, la cabeza es ovoide y no presenta definición en los rasgos faciales. Esta deformación expresiva hacia remarcar, aún más si cabe, los senos
rellenos, el vientre y la pelvis abultados, y las caderas prominentes, elementos en los que residían los secretos de la fertilidad. Por su tamaño, se puede suponer que haya sido concebida como
amuleto transportable.” www.historiadelarte.us, “La venus de Lespugue”