* “Hoy en día conocemos las hormonas que acompañan el placer y la actividad sexual. Creo que es universalmente conocido que la oxitocina, la hormona del amor como la llamo Niles Newton, se segrega cuando hay alguna actividad sexual. Y al mismo tiempo, la oxitocina también esta reconocida como oxitócico; tiene el efecto de distender los haces musculares del útero y dilatar su boca. De hecho la medicina utiliza la oxitocina sintética para inducir o acelerar el parto. El que la hormona del amor tenga receptores en los músculos uterinos y sea oxitócica, creo que es una prueba de que el proceso fisiológico del parto pertenece a la esfera de los fenómenos fisiológicos amparados por la sexualidad de la mujer. Y también que la fabricación de oxitocina sintética, es una prueba de la robotización de la fisiología de la maternidad. […] En su famoso tratado sobre sexualidad, Masters y Johnsons aseguran que en todo orgasmo femenino se producen contracciones del útero, lo que viene a ser otra perspectiva para entender las contracciones del parto así como los partos orgásmicos, y que nos lleva a lo mismo; es decir, que el fenómeno conocido como orgasmo consiste en unos movimientos rítmicos del útero (contracciones o latidos) que al relajarse y distenderse, relajan también el cervix. […] Pero sin duda, una de las respuestas más importantes la encontramos en la investigación de Maryse Choisy, en base al seguimiento de la vida sexual de 194 mujeres a lo largo de 15 años, según el cual el orgasmo femenino auténtico es el cervico uterino, el que tiene su epicentro en el útero.” Casilda Rodrigañez, “La maternidad y la correlación entre la libido y la fisiologia”
* “Según la sexóloga francesa Maryse Choisy […] el útero es el centro del sistema erógeno de la mujer y actúa como una caja de resonancia de placer; Choisy habla de un orgasmo cervico-uterino que
por lo general se confunde con el orgasmo vaginal, y que es el más intenso, de mayor placer y se extiende por todo el organismo: el orgasmo femenino auténtico no se produce ni en el clítoris ni
en la vagina. Tiene su origen en el cuello del útero. El orgasmo cervico-uterino difiere radicalmente de todos los otros placeres en intensidad, en profundidad, en calidad, en ritmo sobre todo y
en extensión. Es más difuso. Termina por abarcar el cuerpo entero. Asegura que la expresión ultravaginales, a veces utilizada para describir los orgasmos profundos e intensos, en realidad debe
referirse al uterino. Choisy dice: un día las chicas descubren solas, que el gesto de apretar los muslos o las nalgas, un poco más fuerte de lo habitual, les procura un orgasmo situado en alguna
parte profunda de su interior.” Casilda Rodrigañez, “Pariremos con placer”