* “Las mujeres antiguas estaban inmersas en un complejo proceso de transformación que incluía ceremonias rituales basadas en sus menstruaciones mensuales. El ocre rojo se utilizaba para pintar exteriormente cualquier objeto que tuviera importancia sagrada, como las estatuas, las pinturas rupestres, las esculturas en relieve, los huesos enterrados en tumbas, etcétera. Todavía existen pueblos indígenas en los que el ocre rojo es un sucedáneo de la sangre menstrual: el agua mágica de la vida.” Vicki Noble, “La mujer Shakti”
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* “El almagre (ocre rojo) es el principal colorante utilizado en las pinturas paleolíticas y aparece en otras dos circunstancias: en las habitaciones y en las
sepulturas. La presencia del ocre rojo en las sepulturas es un hecho que, desde finales del siglo XIX, ha llevado a los prehistoradores a pensar en el carácter religioso del empleo del color rojo
de la sangre y por consecuencia símbolo de vida.
El simbolismo del rojo está atestiguado con suficiente profusión en el mundo histórico y se deriva lo bastante lógicamente del propio color como para que se pueda admitir sin demasiadas reservas que los humanos paleolíticos le asignaban el mismo valor y lo introducían en la fosa de inhumación como un símbolo vital. En efecto, el suelo de las habitaciones del paleolítico superior está frecuentemente teñido con almagre y a veces incluso la masa sedimentaria está impregnada de él en quince o veinte centímetros de espesor, cuando la ocupación se prolongó durante varias generaciones.
Es, pues, evidente que el ocre no desempeñaba exclusivamente un papel de símbolo mortuorio o de colorante para las pinturas rupestres, sino que también tenía usos doméstico, religiosos o
profanos. Es muy difícil deslindar las dos eventualidades; hay que contentarse con un rosario de hipótesis escogidas entre las más verosímiles. Es posible que el ocre doméstico fuera esparcido
por el suelo de la habitación como una especie de decoración mágica, acto a la vez de sacralización y de humanización del espacio interior. Pero es igualmente posible que el ocre proviniera de
las pinturas corporales de los habitantes, lo cual conduce también a una estética de significación religiosa o social.
Podemos imaginar también que los humanos del Paleolítico superior pintaban de rojo sus armas y diversos objetos, o las pieles de sus tiendas y los pilares de sus chozas. En Mezine (Ucrania), en medio de las osamentas y los colmillos de mamut que constituían el armazón de las chozas circulares se han encontrado omoplatos o mandíbulas de dicho animal, pintadas de rojo, con una decoración geométrica.
Múltiples explicaciones pueden darse a la utilización del ocre rojo; todas ellas hacen referencia al menos a la estética y sin duda en un mismo grado a las práctica mágico-religiosas.” Leroi-Gourhan, “Las religiones en los pueblos sin tradición escrita”

