* “El descubrimiento de la estatuilla del bisonte se produjo en septiembre de 2001 por los arqueólogos rusos Hizri Amirjanov y Serguei Lev en el yacimiento de Zaraysk, a 155 kilómetros al sureste de Moscú, dónde también se han encontrado dos venus paleolíticas. […] Sus dimensiones son de: 16 cm de altura por 5 cm. de anchura. El lado izquierdo de la figura fue dañada deliberadamente por un objeto afilado. Además, las dos patas de este lado parece que fueron rotas deliberadamente. El bisonte fue densamente recubierto con ocre rojo y trazos negros, todavía presentes y observables en la figura.
Amirjanov explica que la figura era utilizada como tótem en rituales anticipatorios antes de la cacería: primero imitaban la caza de la estatuilla, le rompían las patas, le pintaban el pecho con ocre rojo y luego la enterraban de forma sagrada: excavaron una fosa de 60 centímetros de diámetro y 80 de profundidad, en cuyo fondo construyeron un pequeño altar en el cual colocaron la estatua y después la cubrieron con tierra, explica el arqueólogo. Según Amirjanov, el significado del hallazgo reside en su rareza. No se trata de herramientas que los arqueólogos encuentran a menudo en yacimientos de este tipo, si no de la manifestación de una cultura espiritual“ Daniel Utrilla ,“El mundo”
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* “Los tungús (Siberia) veneran sobre todo a los renos y los alces, al mismo tiempo que a los protectores sobrenaturales de estos animales. A todos los
animales se les atribuyen almas individuales (almas protectoras) o espíritus protectores colectivos vinculados a cada especie (soberanos o soberanas, señores, etc.), que reinan sobre la caza y
cuya disposición favorable deben conseguir los cazadores realizando con exactitud los ritos de caza para que ésta se vea coronada con éxito (mayin, mayun).
Los chamanes tratan con estos poderes insuflando almas de animales en figurillas de madera de corteza de abedul u otro material, y disparando acto seguido sus flechas contra esas trampas de almas. Se cree que luego el cazador alcanza a su presa en el lugar mismo en que la flecha del chamán haya alcanzado a la figurilla. […]
Para los Samoyedo (Siberia) los animales tenían un alma o varias, exactamente igual que el ser humano. Para tener éxito en la caza, el chamán acudía a los lugares sagrados del gran bosque con el fin de recoger de los espíritus que allí reinaban las almas de los animales. Posteriormente las reproducían en figurillas de madera que servían de trampas de almas.” Ivan Paulson “Las religiones de los pueblos árticos”

