EL CÍRCULO DEL ÁRBOL

    "Miré ante mí y percibí que los montes tenían peñas y bosques, y que de las alturas partía todo género de colores hacia el firmamento. De súbito estuve en la montaña más alta, y alrededor de mí, a mis pies, se dilataba la extensión total del mundo. Y mientras allí estaba contemplé más de lo que puedo describir y comprendí mucho más de lo que había comprendido hasta entonces; pues veía de modo sagrado, con el espíritu, las formas de las cosas, como si todo estuviera unido, como si todo fuera un único Ser. Y contemplé cómo el círculo sagrado de mi pueblo era uno de los muchos que componían un Gran Circulo, amplio como la luz del día y como el resplandor de las estrellas en la noche; y en su centro crecía un árbol majestuoso y florecido, que cobijaba a todos los hijos de una misma Madre y de un mismo Padre, y sentí que aquel árbol era sagrado."  (Alce Negro)

    La autodenominada Civilización occidental se ha expandido como una enorme mancha de aceite por la mayor parte de rincones de nuestro planeta. Hoy en día, prácticamente no quedan lugares en la tierra en los que con mayor o menor presencia, esta forma de concebir el mundo, no haya mostrado alguna de sus interrelacionadas caras:  La fe en el progreso (desarrollo industrial y tecnológico), materialismo (dinero, mercancías y bienes materiales), antropocentrismo (el ser humano como dominador del resto de seres vivos), racionalismo científico (predominio de la ciencia sobre el saber tradicional), patriarcalismo (dominación de lo masculino sobre lo femenino), militarismo (dominación de unos sobre otros a través de las armas), etc.

 

    Se mire desde el ángulo que se mire, el hecho objetivo es que las consecuencias de querer imponer esta forma de concebir el mundo sobre el resto de culturas de la tierra ha provocado una crisis sin precedentes en tres niveles paralelos: humanitario, económico y ecológico. Esta crisis global y civilizatoria es de tal envergadura, que está poniendo en riesgo la propia vida de nuestro planeta.

 

    Todo esto nos permite afirmar, en definitiva, que lo que verdaderamente está en crisis es la propia civilización occidental y su actual modelo político y económico, pues lejos de ofrecer soluciones a este callejón sin salida, nos sigue adentrando en mayores cotas de desequilibrio y colapso.

 

    Frente a esta situación, los pueblos indígenas que aún mantienen sus culturas milenarias de respeto a la naturaleza, conscientes del crucial momento histórico que atraviesa la humanidad y de lo urgente de dar un cambio de rumbo a esta situación de crisis global, han comenzado a juntarse y coordinarse, poniendo en marcha diversos foros internacionales que sirven de altavoz a sus propuestas que, en su mayor parte, van dirigidas hacia el mundo occidental.

 

    Dichas propuestas tienen como pilar central la imperiosa necesidad de que la visión ancestral de respeto a la Madre Tierra vuelva a ser compartida, como lo fue en un pasado, por todas las culturas del planeta. En este sentido, las culturas nativas representan el último y frágil hilo que nos mantiene unidos con la originaria y verdadera naturaleza humana. Son ellas las que, en pleno SXXI, aún mantienen vivo este milenario vínculo, por lo que su voz debería ser el principal referente en estos tiempos de búsqueda de un nuevo caminar para los pueblos de la Tierra.

 

    Se hace necesario pues, abrir espacios y puntos de encuentro en los que la palabra de los pueblos nativos sea escuchada. Espacios que sirvan de interconexión entre las culturas y gentes que aún mantienen con vida la cosmovisión originaria del ser humano y comenzar a crear alternativas al discurso antropocéntrico dominante.

 

    Dicen algunos pueblos nativos que los europeos necesitamos reconectarnos con las raíces del árbol de nuestros antepasados si es que queremos albergar algún futuro. En este contexto, los pueblos montañeses del cantábrico, herederos de una cultura que hunde sus raíces hasta los tiempos paleolíticos, no hemos perdido del todo nuestro vínculo con la sabiduría tradicional de nuestros ancestros.

 

    Uno de estos vínculos es el que desde tiempo inmemorial han mantenido las culturas cantábricas con los árboles. Nuestros antepasados sabían que el destino de árboles y humanos está entrelazado, ya que cada uno respira lo que el otro exhala. Y he ahí, por tanto, la importancia del árbol y los bosques en todas las culturas indígenas: son un espejo a través del cual la humanidad puede ver reflejado su propio destino; y hoy en día, los bosques de todo el planeta están desapareciendo de manera vertiginosa como consecuencia de la codicia humana.

 

    El árbol es un ser trascendental para toda aquella cultura que se precie de serlo. Cada clan, cada aldea, cada valle,… tenían en sus orígenes un árbol sagrado alrededor del cual compartían la palabra y tomaban decisiones de forma colectiva y consensuada. La última generación de estos árboles venerables se mantiene aún con vida en algunos pueblos cantábricos y representan uno de los últimos lazos que nos unen con las raíces culturales de nuestros ancestros.

 

    Por todo ello, y con la intención de crear un espacio de encuentro que reúna a culturas y gentes que desean activar un verdadero cambio de consciencia, nace el Círculo del Árbol. Una pequeña contribución a otros muchos círculos que comienzan a formarse alrededor de árboles de todo el mundo y en los que la palabra de los pueblos indígenas vuelve a ser considerada y tenida en cuenta como lo que verdaderamente es: portadora de la originaria sabiduría humana.

 

* Concejo bajo el venerable tejo de Abamia, Cordillera Cantábrica, otoño del 2010

 

 

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