18. Batzar: la unión de la comunidad (y el árbol)

"Los mayores nos enseñaron que la vida del Árbol es la vida del pueblo. Si el pueblo se aparta mucho de la seguridad del Árbol, si olvida comer sus frutos, o si se vuelve contra el Árbol y lo trata de destruir, una gran tristeza caerá sobre él. Muchos se afligirán. La gente perderá su poder. Dejará de soñar y de tener visiones. (...) Olvidarán cómo vivir en su propia Tierra. (...) Los que nos precedieron dijeron que estas cosas sucederían, pero también dijeron que el Árbol no moriría jamás. Y mientras viva el Árbol, vivirá el pueblo. Dijeron que llegará un día en que el pueblo despertará de nuevo, como de un largo sueño producido por una droga; empezará de nuevo a buscar al Árbol Sagrado. Al principio su búsqueda será temerosa, pero poco apoco entenderán cuán importante es."

Consejo de ancianos de America del Norte. "El árbol sagrado."

 

 


Los bosque cantábricos, una diminuta isla geográfica de lo que un dia fue toda Europa Occidental.
Los bosque cantábricos, una diminuta isla geográfica de lo que un dia fue toda Europa Occidental.

Introducción (Basatiak)

Hace unos 10.000 años, cuando la ultima gran glaciación ya había tocado a su fin, las grandes extensiones de estepa y tundra que ocupaban gran parte de nuestro continente fueron retirándose paulatinamente hacia el norte, al mismo tiempo que cedian sus antiguos dominios al crecimiento de la vegetación y de los árboles. Poco a poco fueron formándose grandes zonas boscosas que al no verse afectadas en gran medida por la acción humana, terminaron por extenderse a lo largo y ancho de nuestro continente. De norte a sur y de esta a oeste, Europa se convirtió en un inmenso bosque sin principio ni final .

 

Aquellos bosques fueron el entorno sagrado que envolvió y protegió a las culturas europeas durante milenios. Atraían las lluvias y sostenían los manantiales, producían frutos y medicinas, daban refugio a infinidad de formas de vida y proporcionaban la madera con la que nuestros antepasados construían practicamente de todo. La cosmovisión de las culturas neolíticas europeas estaba por tanto, indisolublemente unida al bosque, hogar y templo de nuestros ancestros.

 

    "Antes de que nacieran las religiones y las civilizaciones humanas, los primeros templos se encontraban ya al pie de los árboles, en lo más profundo del bosque o en los claros de las inmensas selvas que poblaban Europa. […] Se calcula que no queda ni siquiera un 1 % de los bosques que cubrían, hace apenas un par de milenios, cuatro quintas partes de Europa Occidental. […] toda Europa era un bosque formado por florestas inmensas, interminables. […] Podríamos decir que los europeos fuimos vecinos de un mismo bosque y que toda Europa era el País de los árboles y nosotros, habitantes e indígenas de aquella selva que proveía lo necesario para nuestra subsistencia e inspiraba nuestras más profundas creencias y formas de entender la vida.” Ignacio Abella, “La memoria del bosque. Crónicas de la vieja selva europea.”

 

Sobre la magnitud de aquellos bosques dice Julio Cesar sobre la selva Herciniana (Europa Central) en el "Libro VI de la Guerra de las Galias":

 

   "La selva Herciniana […] no tiene medidas itinerarias. Comienza en los confines de los helvecios, remetes y rauracos, y por las orillas del Danubio va en derechura hasta las fronteras de los dacos y anartes. Desde allí tuerce a mano izquierda por regiones apartadas del río y, por ser tan extendida, entra en los términos de muchas naciones. Ni hay hombre de la Germania conocida que asegure haber llegado al principio de esta selva aun después de haber andado sesenta días de camino o que tenga noticia de dónde nace. […]

 

Respecto a la Selva de las Ardenas (Belgica y Francia), dice César un poco más adelante:

 

"La mayor de la Galia, que de las orillas del Rhin y fronteras de los trevirenses corre por más de quinientas millas."

 

Los habitantes de aquellas "selvas" (silva en latin) eran llamados por el Imperio romano "salvajes" (silvaticus o salvaticus en latín vulgar), gentes y culturas que vivían integradas y fusionadas con el bosque, y cuyas costumbres resultaban repulsivas para quienes hacia siglos que habían elegido a la civilización sobre la naturaleza (de ahí que utilizasen de forma peyorativa la palabra salvaje, y así ha seguido hasta nuestros días.)

 

Su equivalente preindoeuropeo o euskeriko es "Basati" (con la raiz Bas- que significa bosque) y así, el arquetipo sagrado de lo salvaje es representado en la mitología vasca por el Basajaun, de Basa (bosque) y jaun (Señor). Del mismo modo, una hipotesis compartida por un gran numero de escritores de siglos pasados proponía que el término "vasco" proviene de "Basoko" (del bosque), algo que sin embargo los etimólogos modernos parecen desechar... Pero de lo que no podrán hacernos dudar es de que nuestros antepasados sentían y comprendían al árbol como un igual, pues así ha quedado reflejado en el euskera, dónde se da un extraordinario paralelismo entre la forma de denominar a las partes del arbol y las de nombrar al cuerpo humano:

 

Izerdi significa sudor y savia.

Gerri, tronco y cintura.

Azal, piel y corteza.

Beso, rama y brazo.

Adaburu,  copa del árbol (de adar, rama y buru, cabeza).

Adabegi, nudo de la madera (de adar, rama y begi, ojo).

 

El pueblo vasco que, como reminiscencia cultural de un pasado que aún sigue latente en su folklore y sus costumbres, guarda aún su culto reverencial hacia los árboles en el simbolismo (indoeuropeizado) del Arbol de Gernika, vive hoy, mayoritariamente, huerfano de bosques y vida salvaje, rodeado de plantaciones de especies exógenas que secan la fertilidad de sus valles y montañas.

 

Parece ser, por tanto, que se ha olvidado lo obvio: que el arbol (de Gernika) es en última instancia un símbolo del bosque, del contexto natural en el que se originó y se desarrolló durante milenios la cultura de l@s vasc@s (Basokoak, Basatiak). Y así cuenta la tradición, que incluso el origen de este mítico árbol está en ser el último representante de un primitivo bosque de robles situado en el paraje de Gernikazarra y en el que originariamente tenían lugar las juntas.

 

Venerable tejo de Abamia (Asturias).
Venerable tejo de Abamia (Asturias).

El árbol de concejo

 

El árbol es un ser trascendental para toda aquella cultura que se precie de serlo. Es un símbolo de la VIDA con mayúsculas. Reune en su ser a los cuatro elementos de la naturaleza: el agua (savia) que corre por su tronco, el fuego contenido en su madera, el aire que filtran sus hojas y la tierra de la que se alimentan sus raíces. Por eso no es de extrañar que nuestros ancestros hicieran presidir sus espacios sagrados por árboles totémicos alrededor de los cuales celebraban sus ritos y compartían la palabra. La última generación de estos árboles venerables se mantiene aún con vida en algunos pueblos cantábricos y representan un fíno y frágil hilo que aún  nos mantiene unidos a la cosmovisión y a la forma de entender el mundo de las culturas indígenas, no sólo europeas, sino de todo el planeta:

 

"El Árbol Sagrado es un símbolo muy importante para los pueblos indígenas de la Tierra.  (...) representa la vida, los ciclos, la Tierra y el universo. El sentido del Árbol Sagrado se expresa a través de la rueda sagrada. En el centro de la rueda sagrada está el árbol que a su vez  es un símbolo del centro de la tribu y de la creación. Esto se refleja en la canción sobre el Árbol Sagrado, que acompaña al baile del sol de los pueblos indígenas de América del Norte: Estoy en pie de manera sagrada en el centro de la Tierra. El pueblo me ve y yo veo al pueblo reunido en torno a mí."  P. Lane, J. Bopp, M. Bopp y L. Brown, “El árbol sagrado. Reflexiones sobre la espiritualidad indígena americana”

 

Los testimonios históricos (y algunos arboles supervivientes) nos indican que hasta tiempos históricos recientes (y en algunos casos hasta hoy en día) fue una costumbre ampliamente arraigada, el que clanes, aldeas o comarcas enteras tuvieran un árbol sagrado alrededor del cual realizaban ceremonias sagradas, compartían la palabra o tomaban decisiones en asamblea de forma colectiva y consensuada. Estas asambleas comunales se denominan de manera genérica concejos abiertos (o batzarres en el caso particular vasco). Veamos a continuación sus características principales:

 

a) El concejo abierto

Los concejos abiertos pueden considerarse como la institución comunitaria más antigua de nuestro continente. Es más que probable que las primeras aldeas, conformadas por distintos clanes que a su vez pertenecían a la tribu o gentilidad que ocupaba cada valle, se reunieran ya en asamblea desde tiempos prehistóricos para tratar los asuntos que afectaban a su comunidad.

 

Según los lingüístas, la palabra concejo proviene del latín concilium (concilio), por lo que es obvio que el origen de estas asambleas era el de conciliar las distintas opiniones de los miembros de una misma colectividad. Los acuerdos se basaban en el quórum (consenso) al que llegaban los habitantes de cada aldea como única institución política deliberante, decisoria y ejecutiva.

 

Pero además de las etimologías latinas de  concilium y quorum, podemos entender un poco mejor el verdadero significado trasfondo de estas asambleas comunales si las interpretamos desde una lengua anterior como es el euskera.  Ya hemos dicho antes que el equivalente al concejo abierto en la cultura vasca es el batzar o batzarre. Compuesto por batz(a) (unión, conjunto) y ar (un sufijo que denota "fuerza o energia activa"). Asi que una posible interpretación del término sería la de "acción /fuerza   de la   unión/conjunto".

 

Por unidad tenemos que entender claro está a la comunidad, a la unión de los miembros mediante el consenso que desemboca en "la acción conjunta." Este acción se manifiesta en el trabajo en pos del mantenimiento y desarrollo fraternal de la comunidad, y que en la cultura vasca se denomina auzolan, de auzo (vecino, vecindad) y lan (trabajo). Así que sería algo así como "trabajo de/entre la vecindad."  Pero puesto que en la cultura tradicional vasca, la vecindad significa mucho más que la mera proxímidad física, y el trabajo no tenía mucho que ver con la concepción asalariada que actualmente se otorga al término, podríamos traducirlo, en definitiva, como "tarea/labor en comunidad".

 

"Las parcas necesidades de las aldeas y anteiglesias no podían suscitar árduos problemas de administración municipal; construcción y reparación de abrevaderos, edificación y mantenimiento de puentes rústicos, aperturas de veredas, aprovechamientos forestales, protección de los árboles frutales y de los sembrados, regulación de los pastos. El instrumento de las obras de índole pública era la prestación personal, el «auzo-lan» o «auzalan» que aun perdura con su nombre arcaico.. ¿Quién administraba, quién regía esos intereses comunes? Los interesados mismos, el «Batzarre», el llamado Concejo abierto. Ese «batzarre» o Concejo; ¿poseería su poder ejecutivo, o si la palabra suena demasiado solemnemente, su delegado o agente ejecutivo? Sobra la duda. Dicho agente recibió distintos nombres, según las comarcas; en Navarra, al parecer, le llamaron «majorinus», mayoral, de donde se derivó la voz «merino», y más generalmente «buruzagi», hasta que les suplantó en todas partes el arábigo «al-kaddi» «alcalde». (...) Compendiare en una frase la naturaleza política del Concejo: es una democracia directa, que por motivos y causas varias se irá mudando en democracia representativa." Antonio Campión, "El municipio vasco en la historia."

 

b) El arbol de la palabra

En una tradición que sin duda se remonta a los tiempos de los basatiak, nuestros ancestros celebraban sus concejos abiertos bajo la tutela de arboles sagrados que actuaban como autoridad y testigos de los acuerdos que en torno a él se consensuaban y pactaban. Así no lo explica Ignacio Abella:

 

"Bajo la denominación de “Árboles de Concejo”, Árboles de junta o junteros, entendemos todos aquellos que tradicionalmente servían como sede de las reuniones vecinales. La etimología es clara, concejo viene del latín “concilium”, asamblea o reunión. Y una institución jurídica de gran importancia era el Concejo Abierto, es decir, la asamblea de vecinos que decidía y regulaba los temas de convivencia y las cuestiones comunes, en una de las versiones más antiguas de la democracia. Estas reuniones se han llevado a cabo, tradicionalmente, bajo los árboles totémicos. Entre las funciones que ejercía este árbol central en gran parte de Europa, diremos que era el lugar de encuentro, la sede de las asambleas de jurisdicciones comarcales o municipales.

 

En muchos lugares se consideraba que la palabra dada, y los tratos al pie de estos árboles debían ser inviolables. En estos Concejos Abiertos se elegían alguaciles o representantes, se dirimían las cuestiones sociales, se planificaban los trabajos comunales, se decidía sobre la gestión de pastos, helechales y terrenos del común, repoblación de montes, acotados… Esta institución era, por tanto, el centro neurálgico de la sociedad y del paisaje que, desde allí, se planificaba y gobernaba.

 

Por otro lado, la ley y las ordenanzas propias de cada lugar, se hacían en estas mismas asambleas bajo los mismos árboles, que también servirían para celebrar los juicios. Pactos, tratos y acuerdos de cierta relevancia se sellaban al pie de árboles testigos. Y numerosos rituales, fiestas y otros eventos se realizaban asimismo alrededor. En muchas regiones, los tejos y otros viejos árboles fueron también mausoleo vivo, entre cuyas raíces se iban enterrando, por generaciones enteras, todos los vecinos del lugar hasta formar un “árbol ancestral." Ignacio Abella, "La cultura del tejo."

 

Imagen actual del nuevo roble de la Casa de juntas de Gernika
Imagen actual del nuevo roble de la Casa de juntas de Gernika

Entre los vascos, la imagen del "arbol de concejo" por excelencia es la del  Arbol de Gernika. Sin embargo, las famosas juntas que han tenido lugar a los pies de los sucesivos robles que allí han crecido a lo largo de más de 500 años, son una imagen desvirtuada del originario concejo o batzarre vasco.

 

Parece una hipotesis bastante plausible que la tradición de los juramentos del Arbol de Gernika tuviera su origen en una época en el que las asambleas a pie de árbol eran una práctica generalizada por todo el territorio vasco (y peninsular). Los "nuevos señores" se apropiaron de esa práctica comunitaria de relaciones horizontales y convirtieron el tradicional concejo abierto en un concejo cerrado oligárquico en el que se tomaban las grandes decisiones de la comunidad, pero sin la comunidad. Con el paso del tiempo, además, se fue mitificando la imagen del Arbol de Gernika como "unico", cuando en realidad eran numerosos los arboles sagrados que existieron en los pueblos y comarcas vascas (Ignacio Abella ha rescatado de la memoria hasta el momento un total de 34 entre el País Vasco y Navarra).

 

"La falta de testimonios escritos nos deja por el momento ante un amplio terreno a investigar. Sin embargo, alejándonos del campo de las conjeturas, constatamos el hecho de que es rara la asamblea pública que se celebre dentro de la historia antigua y medieval vasca cuyos componentes no se acojan a la sombra de un árbol venerable. El árbol simboliza, en estos casos, la continuidad de la tradición oral, la voluntad del pueblo reunido, su capacidad para dictar leyes y la legitimidad del instrumento legislador. En las provincias rurales pero de sociedad estamental, el estado llano se reúne bajo el árbol tradicional, en contraposición a la nobleza y el clero que lo hace en lugares cerrados y de acceso restringido.

 

(...) La merindad de Zornoza celebraba sus Juntas bajo el árbol de Aretxabalagañe, situado en término de Larrabetzu (Bizkaia). Este "aritz-zabala" o roble ancho era visitado por el señor de Vizcaya después de jurar en Gernika. Las Juntas de las Encartaciones lo hacían bajo el árbol de Avellaneda y la merindad de Durango en la ermita situada en la cumbre de la colina de Guerediaga. El árbol de Guerediaga proyectaba su sombra sobre la mesa y asientos de piedra colocados ante la ermita que servían de asientos y mesa deliberatoria a los apoderados de las repúblicas vizcaínas que correspondían a la merindad. Este árbol era un roble secular que dejó de existir a raíz de un corrimiento de tierras en la segunda mitad del siglo XIX. El Ayuntamiento de Arcentales se congregaba bajo el roble llamado la Rebolla del Concejo, situado al lado de la parroquia de Linares. La merindad de Markina celebraba sus Juntas bajo el árbol de Sagastiguren". Jose Antonio Perales Diaz, "Árboles sagrados en Euskal Herria."

 

Ignacio Abella nos indica en su libro "El bosque sagrado. Creencias, mitos y tradiciones de los pueblos cantábricos.", como el origen de los árboles de concejo pueda estar en los bosques y arboledas sagradas que constituyeron los primeros Templos de la humanidad y de los que con el paso del tiempo se fue disgregando el arbol como representación del originario bosque:

 

"El bosque sagrado ha sido también, antes de nada, escenario de las reuniones de carácter político y social, ya fueran asambleas vecinales o parlamentos de una tribu, un pueblo, una comarca o un país. La imagen del consejo o asamblea del bosque continúa presente en nuestro imaginario colectivo de muchos modos distintos. (...) En definitiva, casi siempre árboles sagrados, pero también bosquetes o arboledas de donde, con el tiempo, el árbol único parece haberse segregado, sobreviviendo como una representación del antiguo bosque. (...)

 

Así en el País Vasco, acabamos de ver el robledal de Gernikazarra como matriz del actual parlamento y árbol juradero. Pero citaremos algunos otros ejemplos de estos parlamentos vascos del bosque, como el «hermoso robledal» junto a la iglesia de Begoña (Bilbao) del que habla Humboldt en 1801, en el que el Encino de Begoña fue lugar de reunión de la Junta de vecinos. En Guipúzcoa, era lugar de concejo el robledal de Enecosaustegui. En el País Vasco francés, se celebraba la asamblea de Ustariz (Labourd) en el bosque de Haïtze y en el bosque de Libarrenx se reunía el «Silviet», la asamblea de Soule, en la que se tomaban las decisiones sobre las cuestiones comunes de todo el territorio (...)." Ignacio Abella, "El bosque sagrado. Creencias, mitos y tradiciones de los pueblos cantábricos."

 

 

c) El tejo

Si nos fijamos en que especies arboreas han sido las que tradicionalmente han sido elegidas como árboles de concejo, nos encontramos con una predilección casi absoluta de nuestros ancestros por el roble. Sin embargo, existe otra especie especialmente venerada entre las culturas del Arco Atlántico y de la que sin embargo, practicamente no hay noticia en la tradición de los batzarres vascos: el tejo. 

 

La vinculación simbólica y espiritual de las culturas europeas con el tejo se remonta al menos al Paleoítico Superior, época en el que sus hojas aparecen ya representadas en pinturas rupestres del arte paleolítico franco-cantábrico  en relación a distintas representaciones animalísticas. Por otra parte y desde un punto de vista biológico, estamos hablando de una de las especies arboreas más antiguas, que ha sobrevivido a todo tipo de vicisitudes en la historia de nuestro planeta. De extraordinaria longevidad, siempre verde y rebrotando aún caído, es un símbolo mitológico universal de la eterna regeneración de la vida.

 

Tejo de Arimekorta (Gorbeia).
Tejo de Arimekorta (Gorbeia).

 

"La investigación en campos tan diferentes como la etnografia, leyendas y tradiciones orales, etimología, historia, etc., revela la existencia de una arcaica “religión”, cuyo centro sagrado y motivo principal era el tejo y que aglutinó razas, culturas y etnias generando a su vez diferentes cultos mistéricos en los que actualmente apenas pueden reconocerse las huellas del arcaico significado. (...) Sin embargo son las regiones más occidentales del continente, desde Alemania a Galicia, a lo largo de toda la costa atlántica y la islas británic e irlandesa, las que han conservado en mayor grado de pureza muchas de las relaciones tradicionales con este árbol y un sinnúmero de centros sagrados en los que el imponente y sombrío tejo, ha sobrevivido. (...) No podemos entrar a valorar, ni siquiera a enumerar, el sinfín de ceremoniales y funciones en los que este árbol se vio involucrado en su diálogo secular con el género humano. Como muestra, valga la asamblea o concejo de vecinos, los juicios y las fiestas, las reuniones de todo tipo que se hicieron hasta ayer mismo bajo la frondosa copa, junto al tronco inmutable, al amparo del árbol más viejo, el tejo sagrado.

 

Allá donde este género, en continua regresión por causas climáticas, ecológicas, etc., se ha conservado, ha perdurado frecuentemente también en la memoria de los hombres el sentimiento de supremacía del tejo respecto a los otros vegetales. Así la denominación del tejo japonés Ichi-i, tiene un significado de rango social supremo y el cetro del emperador japonés estaba hecho de esta madera. Existen asimismo mitos y leyendas norteamericanas en los que el tejo es árbol principal o árbol jefe de todos los otros árboles (...) en la tradición irlandesa, el tejo es “el más antiguo de los árboles” un lugar que ocupa ciertamente entre las especies arbóreas de Europa, ya que el género aparece en el Jurásico y la especie tiene un millón de años."  Sabiduría.es, "Alrededor del tejo sagrado"

 

Esta funcion del tejo como "lider"o "jefe" está claramente reflejada en su nombre en euskera: Agin. El verbo Agin (du) en euskera esta relacionado con la idea de "autoridad, liderazgo" (autorizar, mandar, prometer, dar la palabra,....). Y así el sustantivo agintari significa "jefe" o "lider".  Todas estas acepciones encajan perfectamente con el significado que se le otorgaba al tejo en muchas cosmovisones arcaicas como árbol sagrado por excelencia,  y al pie del cual "se daba la palabra" o"se hacian promesas y juramentos."

 

La importancia de este árbol en la cultura tradicional vasca queda manifiesta por su presencia en numerosos escudos heraldicos (sobre todo gipuzkoanos) presididos por tejos, entre ellos el más conocido es el de la propia provincia de Gipuzkoa con sus famosos tres tejos.  Pero tambien en Bizkaia, dónde por ejemplo encontramos la representación del tejo en el escudo de la villa marinera de Lekeitio. Esta población, que curiosamente dista poco más de 20 kilometros de Gernika, albergo hasta tiempos recientes un tejo que, a juzgar por su tamaño, ya era anciano cuando nació el primer roble de Gernika. En la siguiente cita recogida por Ignacio Abella, se puede comprobar que hace más de 500 años ya se realizaban batzarres en torno a él:

 

Venerable tejo, ya desaparecido, que albergó durante siglos los concejos o batzarres de la villa de Lekeitio.
Venerable tejo, ya desaparecido, que albergó durante siglos los concejos o batzarres de la villa de Lekeitio.

"En Lekeitio, Bizkaia, donde ya ni siquiera se recuerda el tejo, salvo por su presencia en el escudo de la villa, tenemos una valiosa cita de Antonio Cavanilles, sobrino del famoso botánico, que escribía en su libro Lequeitio en 1857:

 

“Hay acuerdos de primero de Enero de 1487 y de años  posteriores, en que se dice que el ayuntamiento se reunía debajo del tejo que está en el cementerio de la iglesia. Esto era entonces muy general, y aun en Bayona se usó este modo de celebrar concejo.”

 

d) Tejo y roble

Pero a diferencia de Asturias y otras zonas geográficas de la Europa Atlántica (Normandia, Aquitania, Escocia, Irlanda,...), el culto y veneración por el tejo entre los vascos parece haberse desvanecido durante los ultimos siglos en favor del roble ( y no se trata aquí de elegir entre una especie u otra, sino que tan solo tratamos de dilucidar el porqué se produjo este cambio simbolico en la culturas tradicional vasca.)

 

Segun señalan algunos autores, es posible que la preponderencia simbólica del roble sobre el tejo tomara forma durante la Edad Media, cuando los valores indoeuropeos penetraron a través de los Señores de Vizcaya. Así, el roble es el arbol sagrado por antonomasia de los pueblos indoeuropeos, entre otras cosas por su especial capacidad para atraer el rayo (icono indoeuropeo por excelencia). Es el arbol sagrado que representa a Zeus entre los griegos y Jupiter entre los romanos, al herrero divino Thor entre los germanos o a Perun en los eslavos; y entre los pueblos semiticos Yahve elige precisamente un roble para aparecerse ante  Abraham.

 

"El tejo, árbol mucho más antiguo y duradero que el roble (puede llegar a alcanzar entre 3000 y 4000 años) fue también considerado sagrado en toda Europa, Oriente Próximo y el mundo mediterráneo. No cabe duda de que fue sagrado también entre los vascos, y en toda la Cordillera Cantábrica, ya que, sobre conservar esa consideración, ahora en auge respecto al roble, aparece a menudo junto a dólmenes, viviendas de traza neolítica e iglesias, además de en los pocos bosques sagrados conservados (monsacros, paraísos, etc.). (...)

 

En plena Edad Media, el venerable tejo de Ankerwycke, en el Prado de Ruanymede, a orillas del Támesis es famoso por que, según la tradición, bajo sus ramas juró en 1215 Juan sin Tierra (rey de Inglaterra, señor de Irlanda, Duque de Normandía y Aquitania y conde de Anjou) la Carta Magna: un pacto con los nobles (guerreros hacendados), villas y ciudad de Londres, en el que se obligaba a respetarles sus fueros. Es decir, sus costumbres, derechos, privilegios y libertades. Su contenido presenta varios puntos esenciales comunes con las posteriores versiones escritas (1445 y 1527) de los Fueros de Vizcaya, donde, dadas las relaciones marítimas, sería sin duda bien conocido.

 

Cabe preguntarse, pues, por qué en la Edad Media, para el caso de que no remita a la Antigüedad o tiempos anteriores, se consolidó el roble, y no el tejo, en particular entre los vascos, como árbol-concejo o árbol-asamblea y, en consecuencia, como árbol símbolo jurídico." Guillermo Garcia Perez, "El arbol de Guernica y otros árboles junteros."

 

Sea como fuere, no solo el tejo o el roble han sido arboles de concejo, sino que encontramos otras especies que también han desarrollado esta función en las comunidades rurales arcaicas. Pero no hay duda de que han sido estas dos especies las más emblemáticas desde un punto de vista mítico y simbólico. En este último sentido, podríamos aventurarnos a afirmar que el tejo podría estar más vinculado al aspecto femenino y telúrico propio de las culturas preindoeuropeas, pues es un arbol tradicionalmente relacionado con el inframundo, con el mundo espiritual, con el utero de la Diosa al que regresaban los difuntos y del que provenían los que estaban por nacer. 

 

Bellota (Glande en latín)
Bellota (Glande en latín)

Por su parte, el roble estaría simbólicamente más vinculado con la polaridad masculina y el mundo material ("fuerte como un roble"), pues con su resistente madera nuestros antepasados construían practicamente de todo, se abastecían de una excelente leña y utilizaban su fruto, la bellota, para elaborar la harina con la que cocinaban y horneaban todo tipo de alimentos. De igual modo, y como ya hemos reseñado antes, al ser una de las especies que con mayor frecuencia eligen los rayos en sus descargas sobre la tierra, fue una especie especialmente reverenciada, apropiandose los pueblos indoeuropeos de su imagen como representación arborea de sus dioses celestes  (Zeus, Jupiter, Perun, Thor,...).  

 

Si nos tomamos la licencia de hacer un paralelismo con la mitología preindoeuropea, el tejo siempre verde e inmutable, parece representar a la eterna e inmortal Gran Diosa. Por su parte el roble, con su hoja caduca y su simbólica bellota que evoca en sus formas la fertilidad masculina (no en vano en latín bellota se dice "glande"), representaría al Dios año de la fertilidad (Hombre Verde), que muere y renace cíclicamente al ritmo de las estaciones. Ambos arboles, entrelazados como una hierogamia arborea, representan las dos especies totémicas por excelencia de la Europa prehistórica.

 

Y precisamente en el pueblo asturiano de Quirós, se dió hasta hace una década la convivencia de dos venerables y monumentales árboles: El Texu y el Rebollu (roble) de Bermiego. Lamentablemente el roble, que se alzaba en el centro del pueblo, murió recientemente después de haber sido mortalmente maltratado en diferentes ocasiones. El tejo, sin embargo, sigue en pie junto a la iglesia y en perfectas condiciones (Se le atribuyen más de 2.000 años de edad). Alvaro Soler escribió un articulo para el Diario El Mundo poco tiempo antes de que muriera definitivamente el roble:

El Rebollu de Bermiego
El Rebollu de Bermiego

"En Bermiego, villorrio asturiano perteneciente al concejo de Quirós, donde no sólo se alza el que probablemente sea el tejo más antiguo de Europa (en competición con el de Fortingall, en Escocia), sino también el rebollo, derivado de la familia del roble, más vinculado a la historia de un pueblo de cuantos puedan existir en España. «No sabría decir cuál de los dos árboles tiene más importancia para el pueblo», comenta Eva Martínez Viejo, teniente de alcalde de Quirós. (...) Los habitantes coinciden en que tanto el tejo como el rebollo existían antes de que se construyeran las primeras casas, e incluso hay quien afirma que precisamente se eligió esa localización por encontrarse entre dos árboles protectores. (...)

 

Si el "teixu l’iglesia" se encuentra a las afueras del pueblo, el rebollo (Roble) de Pando se encuentra en el centro mismo, junto a la capilla de San Antonio, sobre la cual alza sus majestuosos 10 metros de altura, los 6 de perímetro y los 19 de diámetro de copa. Pero este árbol, al contrario que su compañero, no conserva su esplendor. Con el tronco ahuecado, algunas ramas muertas y ciertas zonas renegridas, a duras penas sobrevive a cuantas calamidades le han acechado a lo largo de los últimos cincuenta años y que, de alguna manera, vienen a confirmar ese rumor popular según el cual la agonía de cualquier rebollo simboliza la agonía de la cultura del bosque en el lugar donde se encuentra." Alvaro Soler, "2.000 años dando sombra." Magazine del diario El Mundo 18-01-2009.

 

Por su parte Ignacio abella decribe así al tejo de Bermiego:

 

"Entre los asturianos más notables está el teixo de la iglesia de Bermiego, verdaderamente impresionante y majestuoso, con un perimetro de 6,60 m y una edad que debe ser escalofriante (se ha dicho que es el más viejo de Europa). Al igual que otros muchos venerables, se conserva como un mozalbete, sin achaques ni signos visibles de decrepitud. A su alrededor se hacían las reuniones (conceyus) después de la misa, cuando el alcalde así lo requería para tratar asuntos vecinales, planificación de sextaferias u otros. (...) La costumbre de celebrar el conceyu bajo el tejo fue muy común en muchos lugares de Asturias: además de Bermiego, podemos citar otros tejos de conceyu en Pedroveya, la Rebollada, Villamar, Tiñana, Cenero, el Codao,... Al son de la campana, el tejo reune a su grey; los vecinos del pueblo o pueblos que pertenecen a su parroquia-jurisdicción se van congregando bajo su copa. Alrededor del teixo de conceyu se celebraba la asamblea, el concejo abierto dónde la gente tomaba decisiones y se hacían los juicios." Ignacio Abella, "La magia de los árboles."

 

Tejo de Bermiego en Asturias. Más de 2.000 años de edad lo contemplan...
Tejo de Bermiego en Asturias. Más de 2.000 años de edad lo contemplan...

 

Ignacio Soler nos habla también de otra importante función de este venerable tejo:

 

"A fecha de hoy se desconoce la antigüedad del tejo, pero no son pocos los especialistas que aseguran que ronda los 2.000 años. Lo que es seguro es que existía desde antes de la construcción de la Iglesia de Santa María, que pudo ser alzada a su vera para continuar con la tradición ancestral de enterrar a los difuntos entre las raíces del árbol, con la intención de que éste se alimentara de esos muertos, para que conservara su alma. No en vano, hace unos años se encontró un esqueleto que los científicos de Oviedo dataron en más de 400 años. Además, se sabe que, cuando la peste asoló Bermiego, dejando sólo 13 supervivientes, se enterró a los difuntos en fosas comunes situadas bajo el tejo, contribuyendo a la idea de que ese compañero ancestral contiene el alma de sus antiguos pobladores." Alvaro Soler, "2.000 años dando sombra." Magazine del diario El Mundo 18-01-2009.

 

e) El arbol de los ancestros

Como nos indica Alvaro Soler en la cita anterior sobre el Texu de Bermiego, antes de la irrupcion de los camposantos, los muertos de la comunidad se enterraban al pie del tejo para que sus raices se alimentaran de los difuntos. Su papel de Axis Mundi es aquí claramente manifiesto, actuando de nexo entre el inframundo y el mundo físico visible, entre el mundo de los antepasados y el mundo de los vivos.

 

"El cementerio no era simplemente un "depósito de cadaveres". El campo santo era sagrado porque allí estaban todas las generaciones de ancestros de una determinada comunidad y, seguramente por este motivo, muchas juntas y concejos se celebraban en estos recintos o en sus inmediaciones. En efecto, el árbol o árboles de cementerio, especialmente los tejos del Arco Atlántico, tenían una función funeraria, acogiendo a todos los vecinos en una suerte de mausoleo vivo que terminaba absorviendo y encarnando de algún modo los cuerpos de los difuntos en un solo cuerpo colectivo y vegetal. Pero al mismo tiempo en lugares como Estry (Normandia), San Esteban de Cuñaba (Asturias), Toporías (Cantabria) o Lekeitio en Vizcaya, por citar algunos ejemplos notables, tenemos constancia de que ese tejo fúnebre hacía también las veces de ayuntamiento o lugar de asamblea de los vecinos, en un bucle que unía al mundo de los vivos y de los muertos. De ahí también el caracter sagrado del árbol testigo y los acuerdos que se tomaban a su vera." Ignacio Abella, "El bosque sagrado."

 

Tejo en Dartington, South Devon, Inglaterra. Los muertos de sucesivas generaciones son enterrados para alimentar las raices del "Arbol de los ancestros.."
Tejo en Dartington, South Devon, Inglaterra. Los muertos de sucesivas generaciones son enterrados para alimentar las raices del "Arbol de los ancestros.."

 

"En la concepción tradicional más o menos consciente, los camposantos, eran centros sagrados habitados por el árbol vivo y frondoso. El simbolismo de que ese árbol arraigara en el territorio común de los ancestros, absorbiendo durante generaciones a todos y cada uno de los vecinos que iban a parar al final de su vida a sus pies, es trascendental y elocuente. Al pie de los tejos vivían los muertos. El "árbol ancestral" reunía, resumía y daba vida, era el alma del pueblo y, por tanto, todo lo que acontecía en ese espacio tenía un significado profundo, que explica también que el tejo fuera un verdadero árbol de la palabra, garante de la palabra dada, de juramentos y pactos que, sellados bajo aquel testigo, debían ser inviolables y perpetuos. " Ignacio Abella, “La cultura del tejo. Esplendor y decadencia de un patrimonio vital”

 

Estos lugares eran tan importantes y sagrados para nuestros antepasados que, con la irrupción de la religión cristiana, junto al tejo que los presidía se construyeron ermitas e iglesias con el objetivo de ’convertir’ progresivamente a los que allí se congregaban. Esto es claramente manifiesto en algunos pueblos de Asturias, dónde tejos antiquisimos se alzan junto a ermitas de una antiguedad mucho menor que la del propio árbol.

 

"Desde muchos siglos atras, enormes tejos, de incalculable edad, crecen junto a Iglesias mil veces reconstruidas sobre sus propias ruinas, y en muchos casos edificadas sobre los cimientos de cultos anteriores. El cementerio, las viejas lápidas funerarias, los monumentos megalíticos que en ocasiones encontramos en estos centros de poder, hacen aún más compleja y rica la interpretación de su significado. (...) Una de las mayores controversias sobre este árbol ha sido la de si su presencia fue anterior, coetanea o posterior a la de la iglesia que acompañaba:

 

Según una leyenda anglosajona, los tejos antecedieron a las iglesias. Se trataba de árboles sagrados, posiblemente símbolos de inmortalidad (Alain Mitchel)

 

(...) De esta forma, la Iglesia, fiel a su costumbre de utilizar el poder de convocatoria de los árboles y lugares sagrados de anteriores tradiciones espirituales, habría elegido estos enclaves respetando el tótem arbóreo, el templo vivo. Por otro lado, y visto el fuerte arraigo de esta bella tradición, podemos sospechar que en otros tiempos debió de estar más extendia, siendo estos ejemplares actuales, aunque numerosos, tan sólo reliquias de esta importante religión." Ignacio Abella, "La magia de los árboles."

 

 

Material didáctico complementario

Si quieres profundizar en lo aquí expuesto te recomendamos la lectura, escucha y visionado de los siguientes materiales:

 

Artículo "EL CONCEJO ABIERTO VIVE". De Daniel Boyano Sotillo.

 

Podcast del programa de Radio3 El bosque habitado: LLAMADA A CONCEJO A CAMPANA TAÑIDA

 

Documental BATZARRE: LA ASAMBLEA POPULAR  de Angel Mendez

 

Cortometraje CONCEJO ABIERTO. De Tierravoz producciones.