11. La Mitología Clásica como sistema de adoctrinamiento patriarcal


“En la cultura de la Diosa, la concepción de la relación entre creador y creación se expresaba en la imagen de la madre como zoé, la fuente eterna, dando a luz a su hijo como bíos, la vida creada en el tiempo, que está viva y que al morir regresa a la fuente. El hijo era la parte que emergía del Todo, a través de la cual el Todo podía llegar a conocerse a sí mismo. A medida que el Dios creció en el transcurso de la Edad del Bronce, llegó a ser consorte de la Diosa y en ocasiones co-creador junto con ella. Pero en la Edad del Hierro la imagen de la relación representada en el matrimonio sagrado desaparece y se pierde el equilibrio entre las imágenes femenina y masculina de la divinidad que derivaba de dicha ceremonia.

 

Ahora, un Dios Padre se establece en una posición de supremacía en relación con una Diosa Madre, y se trasforma paulatinamente en el Dios sin consorte de las tres religiones patriarcales que hoy en día conocemos: el judaísmo, el cristianismo y el Islam. El Dios es entonces el único creador principal, cuando antes era la Diosa quien había sido la única fuente de vida. Pero el Dios se convierte en el hacedor del cielo y la tierra, mientras que la Diosa era el cielo y la tierra. El concepto de hacer difiere radicalmente del de ser, en el sentido de que lo que se hace y quien lo hace no comparten necesariamente la misma sustancia; puede concebirse lo que se hace como inferior a quien lo hace. Sin embargo, lo que emerge de la madre es necesariamente parte de ella, como ella también es parte de lo que de ella emerge.

Por lo tanto, la identidad esencial entre creador y creación se quebró; y de esta separación nació un dualismo fundamental, el conocido dualismo entre espíritu y naturaleza. En el mito de la Diosa estos dos términos carecen de significado si se consideran por separado: la naturaleza es espiritual y el espíritu es natural porque lo divino es inmanente a la creación. En el mito del Dios, la naturaleza ya no es espiritual y el espíritu ya no es natural, porque lo divino trasciende la creación.” Anne Baring y Jules Cashford, “El mito de la diosa”

a) La mitología patriarcal como sistema de adoctrinamiento:

-Extractos del artículo de Francisca Martin-Cano “Evolución de la sociedad arcaica”, publicado en el nº1 de la Revista Antropología Experimental:

 “Con la revolución patriarcal, los nuevos soberanos déspotas buscaron el apoyo de los Sacerdotes y poetas para que diesen fundamento religioso a su ideología política, les ayudase a gobernar con normas morales y legitimase sus acciones agresivas y su poder absoluto. Y así se llevó a cabo la reforma religiosa, creando y divulgando mitos, usados con la expresa función de propagar la ideología patriarcal.

Los nuevos mitólogos dieron nuevas explicaciones míticas del mundo que destruían, neutralizaban y falseaban los originales mitos y adjudicaban el papel dominante a lo masculino. Se dieron nuevas explicaciones con una mitología adaptada a sus aspiraciones, basada en la dominación masculina sobre las mujeres, defensora de la guerra. Se exaltó el Principio masculino y las Divinidades masculinas ejercían un poder exigente, que dominaba sobre todas las cosas, que reafirmaban el modelo patriarcal, otro mecanismo que explica la pérdida del poder femenino y que contribuyó a la evolución de la sociedad al patriarcado.

Los nuevos mitos aportaban claves útiles para la existencia, servían para imponer, amparar y mantener una situación de superioridad masculina, modelaban conductas diferenciadas de cada sexo y servían para subordinar, someter y disciplinar a las mujeres, para justificar el orden impuesto y para asignarle una base moral.

Y justificándose en la religión que permitía la guerra, como cumplimiento de indicaciones Divinas y amparándose en la misión grandiosa de extender su religión y convertir a todo el universo, los déspotas la imponían sobre otros pueblos con sus ejércitos y se sentían legitimados para cometer los peores crímenes y crueldades. […] Y desde el momento de la conquista de una región, los nuevos gobernantes exclusivamente divulgaban los mitos, el arte a su servicio y otros sistemas de propaganda política CON UN FIN ALECCIONADOR, como estrategia complementaria, para modelar las ideas que les interesaba prestigiar (y lograron) imponer, en los que se daban modelos centrado en la violencia y la fuerza, en la jerarquía y el dominio patriarcal. A partir de entonces la religión es intolerancia.

[…] A medida que las civilizaciones patriarcales fueron aumentando su poder, extendieron sus creencias, sus postulados, sus mitos, sus sistemas religiosos y filosóficos sobre otros pueblos de manera violenta, y a la par se modificaba la sociedad, se dejaba de disfrutar de libertades individuales, aparecía la esclavitud y la guerra.

[…] La primera estrategia patriarcal de los mitólogos y mitógrafos patriarcales fue la de elaborar mitos de exagerada ideología patriarcal, modificando el sexo de los protagonistas míticos que culminaba el panteón. Y a partir del patriarcado, las Divinidades masculinas son las juegan los papeles dominantes y a las que se les adjudican las funciones naturales de la Diosa Madre. […] Mientras que la Gran Diosa Madre, Origen de la vida, encarnación de la Naturaleza, fue rebajada a Diosa secundaria. Y las figuras femeninas sufrieron cambios de poder en las narraciones. Algunas fueron convertidas en hijas o esposas o en amantes o hermanas de las Deidades masculinas y quedaron unidos al padre. O se les adjudicaron los nuevos valores femeninos subordinados característicos del patriarcado. […]

 

Y finalmente la Gran Diosa Madre Naturaleza, terminó por ser degradada y descalificado su reino, para así revalorizar el Principio masculino. Según Joseph Campbell: el empleo de una estratagema Sacerdotal de difamación mitológica, que desde entonces ha sido utilizada constantemente, principal, pero no únicamente, por los teólogos occidentales. Consiste simplemente en llamar a los dioses de los otros pueblos demonios.Francisca Martín Cano

 

b) El mito babilónico de la creación (Enuma Elish):

En el Enuma Elish se hallan las pruebas más antiguas de la inversión completa de la mitología de la Era anterior. En vez de sacrificar la Diosa a su hijo-amante como metáfora de la semilla que muere y vuelve a renacer en el ciclo eterno de la vida, es la Diosa quién es sacrificada por su hijo (el joven dios). Desde un punto de vista simbólico-mítico esto no tiene ni pies ni cabeza, sin embargo, creó un nuevo paradigma en la consciencia humana que fue reproducido por las tres principales religiones patriarcales. Nos servimos, una vez más, de las esclarecedoras palabras de la escritora Anne Baring para poder comprender mejor este vuelco en la consciencia humana:

 

“Un mito heroico en especial, fechado aproximadamente en el 1700 AEC, cuenta la historia de lo que sucedió en la representación mitológica. En este mito babilónico de la creación llamado el Enuma Elish, Marduk, el joven dios solar, mata a Tiamat, la gran madre, disparándole una flecha en la boca abierta, la cual hiende su vientre y destroza su corazón. Marduk arroja su cadaver al suelo, se para sobre él, y lo parte al medio, creando el cielo de una mitad y la tierra de la otra. Luego crea los planetas y las constelaciones. Sólo entonces, como una idea que se le hubiera ocurrido en el último momento, crea a la humanidad con la sangre del hijo asesinado de Tiamar.

Este es un nuevo y violento mito de creación, que contrasta profundamente con los anteriores mitos sumerios y egipcios de separación de tierra y cielo, y marca el comienzo de la pérdida de la relación con el mundo natural. El que Marduk matara a la Madre Diosa ofrece una imagen de violencia y asesinato como patrón de comportamiento divino. Marduk se convierte en el ideal del macho (el modelo para todos los conquistadores por venir) incluso hasta el día de hoy. Con este mito el tiempo cíclico de la cultura de la Diosa acaba: empieza el tiempo lineal; la muerte se convierte en algo definitivo y aterrador. Con este mito la creación tiene un comienzo y tendrá un fin. El conflicto entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal, queda establecido, y esta imagen impregna el Antiguo Testamento y las otras mitologías, en la India al igual que en el Cercano Oriente (Mahabharata). El mito instituye un paradigma de dualidad y oposición entre el espíritu y la naturaleza, la luz y la oscuridad, durante los siguientes 4000 años. Este paradigma aún controla nuestra propia cultura moderna, con su énfasis en la conquista de la naturaleza, del espacio, de nuestros enemigos.

La historia del Enuma Elish preparó el terreno para la polarización del espíritu y la naturaleza, de la mente y el cuerpo, en dos partes, la primera divina y buena, la segunda caída y mala. Gradualmente, este aspecto masculino de la vida acabó identificándose con el espíritu, la luz, el orden y la mente (que fueron considerados buenos), y el aspecto femenino de la vida acabó identificándose con la naturaleza, la oscuridad, el caos y el cuerpo (todo lo cual fue llamado malo). Esta oposición divinamente impuesta también llevó a la idea de guerra santa, la guerra de las fuerzas del bien contra las fuerzas del mal. El mito babilónico resultaba peligroso de ser tomado literalmente, porque ofrecía una imagen de violencia y asesinato como patrón de comportamiento divino, y por consiguiente lo ratificaba como modelo para que los seres humanos lo emularan. La victoria del dios del sol crea una nueva forma de vivir, una nueva forma de relacionarse con la divinidad, identificándose con la ideología de la conquista, la victoria ante la oscuridad que el sol obtiene cada amanecer. Y, de hecho, el tema de la conquista y de vencer el mal se convierte en el tema dominante de todos los mitos heroicos de la Edad de Hierro, y lo es hasta el día de hoy.

Durante los siguientes 2000 años, Marduk fue transformado, a través de la cultura Asiria y Persa, en el trascendente Dios Padre del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. La creación nacía ahora de la palabra del Padre, ya no del vientre de la Madre. El creador estaba fuera de la creación. Esto es crucialmente importante. La unidad de la vida se quebró. La naturaleza se disoció del espíritu. El sentimiento de sacralidad de la tierra se perdió, y con él la conciencia participatoria característica de la época anterior. Una polarización fundamental nació entre el espíritu y la naturaleza y entre el aspecto racional y el instintivo de la psique humana. La profunda disociación dentro del alma se proyecta en los conflictos tribales. La conquista y los sacrificios sangrientos en un contexto tribal se definen como correctos. Del enemigo se dice que es malvado. La mujer es violada y profanada en la guerra como aún lo es hoy. Y, en la esfera religiosa, la desviación de la creencia en la religión tribal es considerada una herejía y extirpada como un mal.

Debido a que esta historia mitológica y sus efectos en la cultura son generalmente desconocidos, se ignora cuán profundamente la religión y la ciencia han sido influenciadas por ella y cuán inestable es la base sobre la cual descansa la estructura entera de la civilización occidental. Es una estructura que ha rechazado el principio femenino, y, en consecuencia, está radicalmente desequilibrada, volcada hacia un costado, como la torre inclinada de Pisa.” Anne Baring, “Los origenes y el concepto del alma”:

 


C) Yahvé (El dios trascendente)

-Extractos de “El mito de la diosa” de Anne Baring y Jules Cashford

 

“Yahvé es en primer lugar el Dios Padre ancestral de la tribu nómada. Los semitas, como los arios, eran un pueblo patriarcal que honraba a sus antepasados masculinos. Hay una referencia continua en el Génesis al Dios del padre, el dios de Abrahán y Jacob; y así se presentó a sí mismo Yahvé ante Moisés. La idea debe de haber originado en el ancestro tribal, el gran padre que guiaba a la tribu y la socorría en tiempos de adversidad. Se trata de un dios de los nómadas, escribe Mircea Eliade, que no está vinculado a un santuario, sino a un grupo de hombres a los que acompaña y protege. En el Génesis, Yahvé le dice a Abrahán que debe dejar su país y su familia por una tierra extraña que le será revelada. Hace un pacto con él: De ti haré una gran nación, te bendeciré (Gn 12, 2). Sus descendientes serán tan numerosos como las estrellas (Gn 15,5 […] Como el líder de un clan cuidará de ellos, les dará tierras, cuidará de que prosperen: se hará responsable de ellos, por decirlo de alguna manera. A cambio, deben amarlo, obedecerlo y guardar sus mandamientos: no deben adorar otros dioses (porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un dios celoso) y, además, no deben hacer ninguna imagen de él.

 

No tendrás otros dioses fuera de mí.
No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos,
abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra (Ex 20, 3-4).

 

En esta concepción radicalmente nueva de la divinidad toda fabricación de imágenes está prohibida. Esta innovación, sobre todo, es lo que marca un nuevo estadio en la evolución de la consciencia; pues la esencia sagrada, que es el principio organizador de la tribu y el mundo, se concibe como algo exterior a la naturaleza: es irrepresentable (…)
 
Se requiere, por lo tanto, un nuevo tipo de enfoque: los seres humanos deberán, por así decirlo, mirar a través del mundo hacia la fuente invisible del cual procede. Lo divino, o lo numinoso, ya no brillará en la belleza de la naturaleza y de lo creado; las personas sólo pueden señalar hacia lo numinoso, que las supera.  

[…] Aunque la imagen de la divinidad se había hecho trascendente, todavía retenía bastantes características muy humanas, la más obvia de las cuales era el género: era, de hecho, masculino. […] la antigua iconografía del dios como hijo, amante y consorte de la diosa se ha desvanecido aparentemente para siempre como si nunca hubiera existido. No hay nada que modifique la masculinidad de dios, exclusiva y desligada de todo lo que está fuera de él. Esta ausencia de simbología femenina en la imagen de dios hará que el judaísmo, el cristianismo y el islam contrasten de forma sorprendente con las otras tradiciones religiosas del mundo. La contradicción entre la universalidad y transustancialidad de Yahvé y su exclusiva masculinidad ha penetrado, lamentablemente, el inconsciente occidental, de manera que ahora es muy dificil hablar de dios en el sentido impersonal de fuente creativa o todo lo que es, sin luchar (normalmente sin éxito) contra el impulso de decir Él; pues la imagen grabada que Yahvé, como dios trascendente, prohibe realizar, habría sido, sin lugar a dudas, masculina. […]
 
Ya hemos señalado que una deidad verdaderamente trascendente y universal no puede, ontológicamente, tomar partido; y mucho menos ordenar la masacre de una raza a manos de otra. Sin embargo, en el Éxodo Yahvé guía al pueblo de Israel a través del desierto hacia la tierra prometida de Canaán, una tierra de la que fluye leche y miel. Aquí habla como un dios tribal, que guía y dirige a su pueblo hacia la tierra que ha escogido para ellos. Pero este dios es también un dios guerrero a la manera aria. […] En el libro de Josué, también habla como un espíritu guerrero ancestral, instruyendo a su pueblo, y especialmente a sus heroicos lideres guerreros, sobre cómo hacer la guerra:

 

Yahvé tu Dios la entregará en tus manos, y pasarás a filo de espada a todos sus varones; las mujeres, los niños, el ganado, todo lo que haya en la ciudad, todos sus despojos, los tomarás como botín. Comerás los despojos de tus enemigos que Yahvé tu Dios te ha entregado.

Así has de tratar a todas las ciudades muy alejadas de ti, que no son de las ciudades de estas naciones. En cuanto a las ciudades de estos pueblos que Yahvé tu Dios te da en herencia, no dejarás nada con vida, sino que lo consagrarás al anatema: a hititas, amorreos, cananeos, perizitas y jebuseos, como te ha mandado Yahvé tu Dios (Dt 20, 13-17).

 

Siguiendo el mandato divino, el libro de Josué registra que en Jericó

 

Consagraron al anatema todo lo que había en la ciudad, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ovejas y asnos, a filo de espada. Prendieron fuego a la ciudad con todo lo que contenía (Jos, 21, 24).

 

[…]La moralidad de Yahvé en su aspecto tribal es, por lo tanto, una cuestión que causa perplejidad. Carls Jung comenta acerca de Yahvé:

La ausencia de moralidad humana en Yahvé es un obstáculo que no puede ser pasado por alto. Echamos de menos la razón y los valores humanos, esto es, dos características principales de una mente humana madura. Así, es obvio que la imagen o concepción yahvista de la deidad es menor que la de ciertos especímenes humanos: la imagen de una fuerza brutal personificada y de una mente no espiritual y carente de ética, aunque lo suficientemente incoherente como para mostrar rasgos de bondad y generosidad junto con unas violentas ansias de poder. Es la imagen de una especie de demonio de la naturaleza y al mismo tiempo la de un primitivo cacique, aumentado hasta alcanzar un tamaño colosal; precisamente el tipo de concepción que se podría esperar de una sociedad más o menos bárbara, cum grano salis”.

 


c) El mito de Caín y Abel: (las guerras entre pueblos agrícolas y pueblos ganaderos)

 

He aquí unos de los ejemplos más claros de manipulación mitológica que ha quedado grabado en nuestra psique a pesar de contar ¡absolutamente lo contrario de lo que ocurrió! Como hemos visto hasta ahora, existió efectivamente hace miles de años un enfrentamiento histórico entre sociedades matrifocales eminentemente agrícolas-sedentarias (aunque habían domesticado a toda la cabaña ganadera actual a excepción del caballo) y sociedades patriarcales  eminentemente pastoriles-nómadas (que vivían en zonas desérticas como las estepas de Rusia y el desierto arábigo, criando los primeros grandes rebaños).  

Sobre quién tiro la primera piedra, creo que la cascada de evidencias históricas lo deja indiscutiblemente claro: Fueron las sociedades ganaderas patriarcales (indoeuropeas: Kurganes, Afarsanevos, Yamna, Aqueos, jonios, eolios, dorios, hititas, mitanios, indoiranios, arios, medos, y luvios  y semitas: acadios, asirios, hicsos, y hebreos) las que invadieron y conquistaron  las sociedades agrícolas maternales (Europa, Canaan, Anatolia, Sumeria, Valle del Indo,...).

Sin embargo, este episodio ha quedado reflejado simbólicamente en la Biblia de forma inversa a como ocurrió. Es decir, en sus páginas se afirma que Cain (agricultor) fue el que mató a Abel (pastor). La versión oficial del Génesis, podría considerarse como la primera verdad oficial de la historia, que fue escrita por el bando ganador (en este caso el pueblo semita que arremetió a sangre y fuego contra Canaan).

He aquí la versión oficial de los hechos, que da la vuelta por completo a lo que ahora sabemos que sucedió: 

 

“Según la Biblia, Adán y Eva concibieron a Caín después de ser desterrados del Paraíso por Dios (también llamado en hebreo Jehová) debido a que habían desobedecido su orden de no comer del árbol del bien y del mal. Después de Caín concibieron a Abel. Caín se dedicó a la agricultura, mientras que su hermano menor al pastoreo. En esos tiempos era común agradecer a Jehová por los buenos cultivos o la buena crianza del ganado, por lo que estos hermanos le presentaron sus sacrificios; al verlos Jehová prefirió el sacrificio de Abel (de los primogénitos de sus ovejas) que el de Caín (del fruto de la tierra), quien enloqueció de celos y mató a su hermano, yéndose, después de esto, a sus cultivos. Al ser interrogado por Jehová acerca del paradero de su hermano, Caín responde ¿Acaso soy yo el custodio de mi hermano?. Sabiendo Yavé lo que había ocurrido, castigó a Caín condenándolo a vagar por la tierra de Nod.”  Wikipedia

 

Pero no sólo eso, el Nuevo testamento convierte a Abel en mártir y a sus representantes (pueblos pastores semitas) en prototipo de la más honrosa justicia humana:

“El Nuevo Testamento menciona con frecuencia a Abel como prototipo de justo. Jesús lo canoniza en Mateo 23:34-35 como el primero de los muertos en nombre de la justicia, y su ejemplo sirve a los apóstoles como analogía y premonición del de Jesús. Los padres de la Iglesia lo cuentan entre los mártires. En el Corán el pacifismo de Abel, que se niega a resistirse a la violencia de Caín, es la virtud que lo salva; es el principal ejemplo de humildad y mansedumbre para los musulmanes.” Wikipedia


d) La mitología griega:

No es casualidad que la Civilización Occidental tome como ejemplo a Grecia (toda la cultura viene de Grecia) y la eleve a mito, pues representa la consolidación en Europa de una nueva era que se prolonga hasta la actualidad: La Era Patriarcal y guerrera. Cuando nuestros libros hablan de la democracia griega, ponen en un segundo plano el hecho de que gran parte de su población fuera esclava, o de que la mujer estaba totalmente subordinada al hombre, o de que contarán con un ejército Imperial que expandió la guerra y la conquista por amplísimos territorios.

Aristóteles, quizás el filósofo antiguo más venerado en la cultura occidental, al que se dedican numerosas páginas en nuestros manuales escolares nos ha dejado para el recuerdo algunas perlas como estas: 

 

* “la esclavitud es una condición necesaria para que los ciudadanos puedan disponer del ocio, sin el cual ni el saber ni la vida política son posibles”

* “En la naturaleza hay elementos destinados a ejercer el mando y elementos destinados a obedecer. Los esclavos han nacido para ser subordinados de los hombres libres, y las mujeres han nacido para ser subordinadas de los hombres”

* “En la especie humana hay individuos tan inferiores a los demás como el cuerpo lo es respecto al alma o el animal al hombre; son los hombres de los que no se puede obtener nada mejor que el desarrollo de la fuerza corporal. Estos individuos están destinados por la propia naturaleza a la esclavitud, porque para ellos no hay nada mejor que obedecer”

 

Inculcar está nueva forma de pensamiento en la población griega debió de ser tarea difícil, pues representaba la antitesis de la cosmovisión de la Vieja Europa. Por ello, además del uso de la fuerza bruta, las nuevas elites indoeuropeas crearon una nueva mitología con algunos elementos de hibridación de la cosmovisión arcaica, y durante generaciones las fueron extendiendo y socializando:

“En aquellos tiempos remotos, los griegos primitivos adoraban sobre todo a la Gran Madre, la Madre tierra, llamada Gea. No fue hasta el siglo VIII a. C. cuando Homero convirtió a Zeus en el padre supremo de una extensa familia olímpica regida según los cánones de la aristocracia patriarcal. Casi al mismo tiempo que Homero, Hesíodo creó una Teogonía, esto es, una historia donde se relata el origen de los dioses patriarcales” Francisca Martín-Cano  

“Javier de Hoz, en la introducción a la edición de La Iliada de Espasa Calpe, explica que esta obra fue una empresa publicitaria encargada por el rey de Micenas para ser recitada en el ágora. Se trataba de erradicar la memoria social todavía existente en el último milenio a.c., acerca de la sociedad humana pre-patriarcal; memoria que se mantenía con cuentos y coplas transmitidos por tradición oral. La escritura, la literatura escrita, en manos de los poderosos, aparece así para fijar la versión de la historia que da  la vuelta a las guerras y a las conquista que aniquilaron la sociedad matricéntrica”. Casilda Rodrigañez, “El asalto al Hades”.

“Las narraciones y poemas griegos desarrollan una teología que influirá profundamente en la especulación posterior, dado que se convirtieron en obras aceptadas por todos los griegos, conocidas y aprendidas desde la infancia y que sirvieron para homogeneizar las creencias" Díez de Velasco

Según Robert Graves “el tema principal de los mitos griegos es el modo en como las mujeres se convirtieron de seres sagrados en esclavas, gradualmente, a lo largo de la historia”.

“Metis es la diosa pre-olímpica de la sabiduría. Fue la primera esposa del dios del cielo, Zeus. Este la engaño haciéndola muy pequeña y tragándosela cuando ella estaba embarazada de Atenea. Sólo después de haberse hecho adulta, Atenea surgió de la cabeza de su padre ignorando totalmente que tenía una madre” Itsaso Colina “Atenea o la niña que perdió su ombligo”

“Según Arnaiz y Alonso, y según su estudio basado en las grabaciones en estelas funerarias neolíticas (...), Anderea en el vasco actual es mujer; y en el griego actual es hombre. La coincidencia del andrea vasco y el andrea griego nunca me había llamado la atención, pero tras descubrir el parentesco entre el vasco y el minoico, la pregunta es: ¿tiene esto algo que ver con lo que dice Martha Moia de que en la literatura griega clásica, se traduce sistemáticamente madre por padre? […] ¿Son transferencias del significado de los símbolos que acompañan a la construcción del orden simbólico patriarcal, que no pudiendo prohibir la voz de las gargantas trastocan su significado?   Casilda Rodrigañez, “El asalto al Hades”.

“Un representante patriarcal mítico, que ha ejercido una gran influencia en la sociedad occidental es Hércules. Sus aventuras empiezan narrando que sufrió varios castigos por sus muchos asesinatos, que les fueron impuestos tras ser juzgado por varias Pitonisas del Oráculo de Delfos. Con ello se nos informa de quienes eran las que en principio ejercían de juezas y juzgaban a los delincuentes, muestra del poder femenino aún a principios de la época histórica, antes de que la revolución patriarcal negara todos los derechos a las mujeres. En uno de los castigos impuestos por una jueza fue comprado por la Diosa-reina Onfalia de Lidia que lo obligó a vestirse y trabajar como mujer durante tres años. En otra ocasión la Pitonisa le ordenó que se estableciera en Tirinto como esclavo durante doce años y fue cuando Euristeo, rey de Argos le encargó los doce trabajos.

Pero mientras la reina Onfalia había tratado a Hércules ¡como a una mujer!, Euristeo lo convirtió ¡en un hombre! encargándole que: robara, asesinara y devastara las regiones donde gobernaban mujeres. Y así sus hazañas manifiestan ya el carácter revolucionario patriarcal y prestigiador de las nuevas acciones guerreras.
 
La mayor parte de las hazañas de Hércules tienen lugar en Asia Menor, La Argólida, Eubea y La Arcadia, donde es manifiesto que imperaba el poder femenino, gobernaban reinas y en algunas regiones se adoraba a la Diosa Hera, considerada su enemiga perpetua. […] Sus doce trabajos corresponden a la destrucción de las regiones que el mito considera habitada por monstruos dañinos femeninos y protegidas por guardianas […] de Santuarios, en donde la Diosa Hera o la Diosa Artemisa, recibían culto. […] Después como ¡recompensa a sus buenas acciones! en la Otra vida, Hércules fue perdonado por la Diosa Hera y se casó con su Hija la Diosa Hebe. ¡Ese es el mensaje que se enviaba a la sociedad!: los varones que se comportasen conforme a los intereses patriarcales y conquistasen otras regiones mediante el asesinato, violación y robo de sus legítimos dueños, encontrarían al morir, en vez de castigo, una recompensa llena de placeres (mensaje que influyó poderosamente en la sociedad durante miles de años e hizo mover a los aventureros a ir a otras regiones a ¡colonizarlas! sin miedo).” Francisca Martín Cano, “Evolución de la sociedad arcaica”.