4. EL UTERO O EL CORAZON ARCAICO


Jarra de estribo. Agios Nikolaos, Creta, 1.300 a. C.
Jarra de estribo. Agios Nikolaos, Creta, 1.300 a. C.

El útero aparece representado en el arte simbólico de la vieja Europa bajo muy diversas formas (huevo, pulpo, medusa, bucráneo,…) y en territorios geográficos muy distantes. Para aquellos pueblos, cuya cosmovisión se basaba en lo que Gimbutas llamaba la celebración de la Vida, el simbolismo de útero representaba, además de la matriz de la Diosa de la que surgen todos los seres vivos, la matriz sagrada de dónde nace la vida humana. Es de suponer por tanto que, en aquellas culturas matrifocales en las que la maternidad vertebraba la organización social de la comunidad, el útero fuera uno de los símbolos sagrados de mayor importancia.

Sin embargo, a lo largo de los últimos milenios, el útero como todo lo que tenía que ver con la sexualidad femenina, ha sido sistemáticamente reprimido de nuestro universo simbólico. Esto ha producido en la   mayor parte de mujeres occidentales un distanciamiento con su punto energético más importante, provocando a su vez un efecto cadena sobre la sexualidad en general y la maternidad en concreto.

Afortunadamente, los estudios científicos de las últimas décadas están haciendo retornar el conocimiento perdido sobre las sorprendentes y vitales funciones de este órgano generador de vida. Dicho conocimiento resulta imprescindible para comprender como fue la vida arcaica en las culturas matrifocales e intentar recomponer nuestra primitiva identidad perdida. Con este fin, hemos seleccionado dos extractos de los libros de Casilda Rodrigañez. El primero relacionado con el parto y el segundo sobre como recuperar la sensibilidad uterina. Recomendamos la lectura completa de estos libros para todo aquel/lla que quiera profundizar en el tema.

Útero, parto y sexualidad

-Extracto de “La sexualidad de la mujer” de Casilda Rodrigáñez.

“A lo largo de unos años nos hemos ido encontrando con una serie de datos que, en principio, casi no llaman la atención ni sugieren nada; son datos sueltos, que en su desconexión no resultan significativos; son como las piezas de un puzzle que, almacenadas en algún lugar de nuestra conciencia a la espera de ocupar su puesto en la resolución del puzzle.

a) Para Masters&Johnsons, las contracciones uterinas son un componente esencial en todo orgasmo femenino. Marise de Choisy va más lejos al afirmar que éste... “tiene su origen en el cuello del útero. Y que si los psicoanalistas, desde hace tiempo, vienen confundiendo el orgasmo cérvico-uterino con el orgasmo vaginal, no es sólo debido al narcisismo masculino, ni tampoco sólo a la ignorancia femenina, sino también porque las cérvico-uterinas no frecuentan nuestras consultas”.

b) Bartolomé de las Casas y otros viajeros del siglo XVI han escrito que las mujeres de las poblaciones que habían encontrado en zonas del planeta desconectadas de nuestra civilización parían sin dolor.

c) Histeria viene de hysteron, es decir, de útero. En la Antigua Grecia se creía que las enfermedades nerviosas o histéricas de las mujeres eran debidas a que el útero sufría un desplazamiento hacia arriba. Platón y otros hablan del vientre errante, de un animal dentro del animal.

d) El útero aparece sistemática y cuantiosamente reproducido en la cultura que ahora se está desenterrando de la llamada Antigua Europa, datada entre el 6.500 y el 3.500 a.c. En aquel mundo simbólico, el útero era aquello cuyo latido significa la vida; algo análogo a lo que en nuestro mundo simbólico significa el corazón: el amor y la vida.

La arqueología está obteniendo datos sorprendentes y reveladores de aquella civilización. Con esta información se vuelve evidente que lo que relata el Génesis (datado precisamente hacia el 3.000 a.c.) no es la creación de la naturaleza humana, sino las condiciones de un nuevo modo de convivencia y de ser humano que se imponen contra otras, y que incluyen el parto con dolor, la transformación del hysteron en histeria. De hecho, el Génesis habla de un paraíso del que fueron expulsados nuestros primeros progenitores; es decir, que aunque lo de primeros da pie a pensar que desde el principio esa fue nuestra condición, no pudieron omitir la existencia de otro mundo anterior al actual. ¿Por qué si no inventar la historia de un paraíso, de una serpiente-demonio, de un Árbol del conocimiento del bien y del mal cuya accesibilidad queda también prohibida con la expulsión del Paraíso?

e) La oxitocina, que se utiliza como oxitócico, como dilatador del útero en la medicina, se empleaba en las orgías eleusíacas por medio del hongo del cornezuelo de centeno. La misma química, una aplicada en el parto con dolor forzado, la otra como afrodisíaco. La misma hormona (la oxitocina) que está presente en el parto para dilatar el cuello uterino es también la hormona del orgasmo, que por ello se la conoce como la hormona del amor.

f) En los partos actuales existen casos de partos orgásmicos. Y según los que lo han estudiado, como Serrano Vicens, Merelo-Barberá y el Dr. Schebat del Hospital Universitario de París, son más frecuentes de lo que se cree.

g) Dentro de la práctica de partos alternativos o humanistas existe la constatación de Michel Odent de que cuanto menos se interfiera, cuanto menos se provoque el neocórtex de la mujer, haciéndola presta atención (racional) a conversaciones, y cuanto más desinhibido permanezca el cerebro ancestral, más fácil resulta el parto. La mujer está en ese clima de confianza y de cierta intimidad.

CASOS DE RECUPERACIÓN DE CIERTA SENSIBILIDAD UTERINA. Lo que acabó de retener nuestra atención sobre este tema, fueron los testimonios de unas mujeres que habían recuperado una cierta sensibilidad uterina, tras la lectura del libro de Merelo-Barberá, en el que afirma que la mujer se socializa en la ruptura psicosomática entre la conciencia y el útero. Esta percepción o sensibilidad, aunque difícil de traducir en palabras, fue descrita así:

En el momento del orgasmo habían empezado a percibir, en el centro y en el interior de la cavidad pélvica, como una ameba que se retrae y que se expande rítmicamente con cada oleada de placer. Podía también asimilarse al latido de un corazón, aunque más lento, o al latido del cuerpo de un rana. En el momento en que se termina el movimiento de retraimiento y comienza la expansión, podían empujar y amplificar la onda expansiva, lo mismo que en las contracciones de la fase expulsiva del parto, o al defecar, cuando vienen las ganas como normalmente se dice. Al ampliar la onda expansiva del latido, se amplifica al mismo tiempo la contracción uterina y la ola de placer.

Esto supuso un cambio en el modo de percibir sus cuerpos y en su sexualidad. El simple hecho de dirigir la atención/pensamiento al útero produce excitación y placer ubicados en las paredes del útero y en los pechos.

Otra amiga nos comentaba que entre la tercera y la octava semana de un embarazo, se encontraba en un estado de bienestar flotante permanente, que podría calificar de pre-orgásmico. Lo relacionaba con el concepto de “gravidez”, de sentir la matriz pesada, hinchada, presionando el suelo de la cavidad pélvica.

Contrastados estos testimonios con Juan Marelo-Barberá, este afirma que el útero efectivamente comienza a palpitar como un corazón desde el momento en que la mujer se excita sexualmente; a palpitar y a descender. Afirma que el cuello uterino se hace incluso visible desde el exterior a simple vista en estado de excitación fuerte. Por eso en la Antigüedad la mujer frígida era aquella cuyo útero no podía moverse y descender. Luego se invierte la valoración: la mujer cuyo útero se mueve como un pez es una mujer lasciva y pecaminosa; la del vientre errante, la del animal dentro del animal; la que no está castrada ni sometida al varón.

LA FISIOLOGÍA DEL PARTO. Un animal crece a partir de una sola célula, un zigoto que crece hasta hacerse un embrión. Este proceso requiere una protección especial, porque el zigoto/embrión no puede dársela a sí mismo. Las especies animales que no se dotaron de una protección adecuada, no prosperaron. Una vez más, una forma de simbiosis entre dos seres vivos resuelve el problema de la conservación y regeneración de la vida. Los huevos de las aves tienen una protección, una cáscara de calcio que no puede ser más dura y proteger más de lo que hace, porque, dado que se trata de una estructura ovoidea herméticamente cerrada, el embrión mismo tiene que poder romperla cuando llega el término: esto, la salida, determina su fragilidad. El invento de los mamíferos es sorprendente, como todo o casi todo en la evolución de las formas de vida. La madre guarda dentro de sí el óvulo fecundado en lugar de expulsarlo y lo protege al tiempo que se protege a sí misma, con su movilidad, su propia nutrición, etc. Pero debe resolver la contradicción entre la consistencia de la envoltura protectora y la salida del embrión de dicha envoltura en su debido momento. La contradicción la resuelve el tejido muscular: fuerte y a la vez elástico y flexible, conectando con el sistema nervioso de la madre, y formando una bolsa con una puerta de salida que puede cerrarse y abrirse. Una articulación (la neuromuscular) puesta a punto para la locomoción, bombear la sangre (el corazón es tejido muscular), etc., combinando el sistema nervioso involuntario y el voluntario. Aquello que nuestro organismo debe ejecutar sistemáticamente (el bombeo de la sangre, la respiración, la digestión cuando llega alimento al estomago) se realiza automáticamente por el sistema nervioso involuntario; pero aquello que sólo se realiza en momentos determinados, como correr para cazar, coger un fruto de un árbol, requiere la actuación del sistema nervioso voluntario, seguramente siempre en conexión con el sistema nervioso involuntario: los engranajes neuromusculares realizan su cometido a la perfección.

Entonces intervienen los sentidos: la percepción sensorial indica cuándo el sistema nervioso voluntario debe ponerse en marcha. Los sentidos en su origen, antes del desarrollo cultural que los recrea, están al servicio de la conservación de la vida: el gusto, la vista, el oído, el tacto, el apetito, et. El deseo sexual, al igual que el deseo de comer, tiene ese origen.

La reproducción en los mamíferos tiene involucrada una sensibilidad especial, una inducción de tipo sensitivo que pone en marcha un sistema de producción de hormonas (la oxitocina del orgasmo y del parto es una de ellas) para realizar las funciones sexuales reproductivas. Esta inducción sensitiva es lo que llamamos instinto, o en los humanos, deseo sexual. Por ejemplo, las cerdas sólo eyaculan leche de sus mamas cuando son estimuladas por la succión del lechón. No es una producción continua, sino una serie de eyaculaciones sucesivas a la estimulación. Si alguien entra en la cochiquera y distrae a la cerda, deja de hacerlo. Hemos visto parir a una gata varios gatitos. Cuando terminaba de lamer la bolsa y de comerse la placenta de un gatito, reactivaba las contracciones para expulsar al siguiente. Como si pudiese controlar de modo voluntario las contracciones uterinas.

Unos versos mesopotámicos del tercer milenio a.c. nos dan a entender que los humanos de los tiempos en los que las mujeres parían sin dolor, tenían también el útero en el sistema nervioso voluntario:

Ninhursaga, única y grandiosa,
contrae la matriz;
Nintur, que es una gran madre
desencadena el parto.


¿Qué mejor invento podría hacerse para tener seguro al embrión y para que salga cuando llegue el término, que la fuerte, dúctil y elástica bolsa uterina, con su cuello que cierra firmemente y es a la vez capaz de abrirse? En este contexto situamos las contracciones uterinas para dilatar el cuello. Ahora bien, no es lo mismo mover un músculo contracturado, rígido, que está  medio atrofiado por no ser usado, que mover un músculo distendido y que es utilizado habitualmente. Actualmente parimos con el útero rígido, sin elasticidad, medio atrofiado y sin que el deseo estimule la producción de oxitocina. Por eso duelen también las reglas.

La sexualidad en la que nos educan es la sexualidad de un cuerpo despiezado, escindido en cuerpo y alma. Lo que llamamos cuerpo es en realidad el subproducto de un cuerpo despiezado y en buena medida desvitalizado. La clave de esta escisión es la ruptura psicosomática entre la conciencia y el útero, como dice J.Merelo Barberá.

El cuerpo que la mujeres creemos que tenemos, es un cuerpo al que le ha sido arrebatado el órgano central de su sistema erógeno; es un cuerpo sin útero, con un sistema erógeno que comprende sólo vagina y clítoris.

Y todo esto, establecido por la Ciencia; porque cuando la sexualidad fue abordada científicamente en el siglo pasado, la sexualidad femenina que se definió fue la de un cuerpo castrado, devastado, despiezado; sometido y explotado: una sexualidad falocrática, vaginal y/o clitoridiana. Aunque algunos llegaron a reconocer que había algo indefinido en la sexualidad de la mujer (Groddeck), que era un  continente negro inexplorado y desconocido (Freud al final de su vida, Lacan). ¡Y tan desconocido!

¿Y qué ocurre realmente con la verdadera libido y anhelo de la mujer?. El deseo se reprime, se sublima en amores románticos y espirituales, se manipula y, finalmente, lo que queda después de toda esta descomposición, se orienta hacia el falo, dejando un rastro de enfermedades psicosomáticas que prueban la quiebra de la autorregulación de la vida: partos traumáticos, histerias, depresiones post-parto, falta de leche, dolores menstruales, etc.

Pensemos en nuestro útero inexistente; en nuestro tejido muscular uterino. Y pensemos en que si una simple inmovilización durante algún tiempo por una escayola requiere después ejercicios de rehabilitación para que el tejido muscular se recupere, ¿qué sería, por ejemplo, de un brazo que hubiese permanecido inmovilizado durante toda la vida porque no sabíamos que teníamos ese brazo ni para que servía? Y si quisiéramos utilizarlo, nos encontraríamos con unos músculos que habrían perdido su elasticidad, rígidos y contracturados. Y como todo el mundo sabe lo que duele un calambre, podemos entonces entender los dolores de la dilatación del cuello uterino en nuestra sociedad. Es significativo que en el Génesis se diga “parirás con dolor”, como algo nuevo que iba a ser y que antes no era.

Todavía hay una observación más sobre la fisiología del parto en la especie humana:

Al adquirir la posición erecta, el plano de inclinación del útero se hace casi vertical, quedando el orificio de salida hacia abajo, sometido a la fuerza de la gravedad, Esto supone/requiere un perfeccionamiento del dispositivo de cierre y apertura del útero, un cierre más fuerte para sujetar 9 u 11 Kg. De peso contra la fuerza de la gravedad. Y el dispositivo de cierre y apertura del útero no es otra cosa que el cuello, cuya relajación total deja una abertura de hasta 10 cm. de diámetro. Por eso “el origen del auténtico orgasmo femenino está en el cuello del útero”. Nuestra opinión, contrastada con Merelo-Barberá, es que el orgasmo fue el invento evolutivo para accionar el dispositivo de apertura del útero.

Esto da coherencia a los datos inconexos del punto 1º, y permite acercarnos al modo de vida que expresa la simbología de la cultura pre-patriarcal: explica el paso del útero al corazón, del hysteron a la histeria, de la serpiente como símbolo del bien a la serpiente como símbolo del mal”. Extracto de Casilda Rodrigañez “La sexualidad de la mujer”.

 

 

b) La recuperación del “latido del útero”

“Si las niñas bailasen las danzas del vientre con sus hermanas mayores, sus madres, sus abuelas, y nadasen como sirenas (con las piernas juntas), crecerían sin parar de mover las caderas, la pelvis, el útero; y éste volvería ser como un pez que se mueve en nuestro vientre, tal cual lo representaban en el neolítico. Cuando se habla de recuperar nuestro cuerpo de mujer, en concreto quiere decir recuperar la sensibilidad y el movimiento uterino. Que nuestro vientre canalice y exprese nuestra emoción y nuestra alegría de vivir.”

-Extracto del libro de Casilda Rodrigañez  “Parirás con placer”:

“Tenemos varias “pistas” que podemos seguir. Una de ellas es la tradición olmeca que están recogiendo algunas mujeres, como Silvia Sterbova y Elena Lázaro; recuperando el pensamiento y los ejercicios de aquella civilización para expandir la energía femenina, nos proponen las prácticas femeninas para lo que ellas llaman el 'despertar del útero'. Esto está directamente relacionado con lo que dice Carlos Castaneda en su libro “Los pases mágicos”: Según Don Juan Matus, uno de los intereses más concretos de los chamanes que en la antigüedad vivieron en México es lo que denominaban 'la liberación de la matriz' ...A los chamanes les interesaba el despertar de la matriz porque, a parte de su función primaria reproductora, sabían de una función secundaria; una capacidad para procesar conocimientos directos sensoriales e interpretarlos directamente sin el auxilio de los procesos de interpretación que todos conocemos (lo que también podemos llamar 'conocimiento o intuición visceral' de lo que desean l@s hij@s, por ejemplo). ...

Al igual que otros chamanes de su linaje (Don Juan) estaba convencido de que si se apartan del ciclo reproductor, la matriz y los ovarios se convierten en herramientas de percepción, y ciertamente, en el epicentro de la evolución.... En virtud de los efectos de la matriz, las mujeres ven directamente la energía con más facilidad que los hombres, decían y se quejaban de que las mujeres no son conscientes de su capacidad.... Resultaba paradójico que la mujer tuviese a su disposición un poder infinito y no se interesara por conseguirlo. Don Juan estaba convencido de que esta falta de deseo de hacer algo no era natural, sino adquirida.

Quizá si las mujeres estaban menos interesadas que los chamanes en la evolución humana en sentido general era porque estaban más interesadas en la evolución concreta de sus criaturas y a ello dedicarían su 'energía', su capacidad de percepción, su intuición. En cuanto a las funciones secundarias, cabe imaginar, y así debió de ser por las informaciones que tenemos, que en un contexto matrifocal, a las mujeres les sobraba energía y tiempo para desplegar su capacidad de percepción y su intuición a otros aspectos de la vida y de su conocimiento.

En cualquier caso, 'los pases mágicos', o sea, lo que nosotras llamaríamos 'ejercicios', que Castaneda recopila, sin duda favorecen el despertar de la sensibilidad uterina, puesto que tienen por objeto anular las consecuencias de la socialización nociva que las (nos) vuelve indiferentes.

 

En nuestra cultura, la matriz es una gran desconocida; ha sido rebajada a una víscera con un papel casi vegetativo, cuando no como un sifón de un sistema de cañerías. Sin embargo, si el cerebro es una especie de unificador a ciertos niveles de nuestra percepción y de nuestra voluntad, a otro nivel, la matriz es otro centro de percepción y de toma de decisiones (las 'viscerales'). Podríamos decir que el 'alma' en el sentido de 'ánimo' de la mujer, en cierto modo es la matriz. En este mundo la mujer está 'desanimada', 'desalmada', paralizada, porque la vitalidad genuina de la mujer es incompatible con esta sociedad y por eso quedó prohibida y excluida de este mundo (des-terrada al Hades); como dice Melandri, es como si el existir de la mujer se hallase ya incluido en una forma de existencia que la niegan en cuanto a mujer; como si la única posibilidad de existir en este mundo tuviese como condición la 'indiferencia' de la matriz, la castración de la mujer que después tres o cuatro milenios de dominación física, se efectúa ya a nivel simbólico e inconsciente (No por casualidad en la Biblia, el establecimiento de la sociedad de dominación sobre todo el ecosistema se enuncia paralela y simultánea al parir con dolor.) y esta castración de la mujer trae consigo, tanto la congelación de su 'capacidad de percepción' que decían los chamanes, como el realizar la función primaria reproductora en ese estado de 'indiferencia',- lo que con otras palabras, llamamos 'robotización', que quiere decir eso, 'des-animación', o 'des-vitalización'.

Desde el campo del psicoanálisis y de la sexología, la psicoanalista francesa Maryse de Choisy ha constatado, referido al útero, algo muy parecido a lo que dice Michel Odent referido a los médicos obstretas: no saben lo que es un parto porque sólo han conocido los partos hospitalarios; entonces se dedican a hacer 'ciencia' y a sentar cátedra sobre el parto de una manera falaz, sobre una base no verdadera, no cierta. Maryse de Choisy dice que los profesionales de la sexología, que han 'sentado cátedra' sobre la sexualidad, lo han hecho basándose en un tipo de mujeres determinado; pero como dice ella, las mujeres 'uterinas' o 'cérvico uterinas' no se preocupan por la sexualidad ni acuden a las consultas de los sexólog@s. Es algo como que nadie se preocupa de su hígado mientras le funciona bien, y sólo empieza a preocuparse cuando le deja de funcionar bien; a continuación, imaginemos lo que sería ir a un médico que desconoce el funcionamiento normal del hígado a que te lo arregle... Se institucionalizaría una patología hepática mantenida y reproducido por el Poder médico. Hace poco hablando con un grupo de gente joven, una chica decía que ella no había hablado nunca con nadie de que notaba y sentía su útero porque pensaba que era lo normal, que todas las mujeres lo sentían. Así concluíamos que era muy importante hablar de ello, eliminar el pudor absurdo que pueda haber, que solo sirve para mantener la ignorancia.

Maryse de Choisy después de diez años de trabajo con cuestionario, ofrece una perspectiva sobre el orgasmo femenino que rompe la tradicional dicotomía 'orgasmo vaginal-orgasmo clitoridiano'. El orgasmo más global e importante de la mujer, afirma, no es ni vaginal ni clitoridiano; apretando los muslos o los glúteos firmemente (las mujeres) alcanzan un tipo de orgasmo que arranca en el centro de su cavidad pélvica, en algún punto muy profundo de su interior, y se expande por todo el cuerpo... pues el verdadero orgasmo femenino es cérvico-uterino, o tiene su origen en él...

Tenemos también la pista a seguir de las mujeres de la India, que nos proponen la práctica de la visualización, con los pétalos de la flor de loto abriéndose... o la imagen de las ranas pre-colombinas palpitando rítmicamente como un corazón... o el animal errante de Platón y otros, quitándole la intención peyorativa y visualizando/sintiendo una preciosa ameba que se alarga y se encoge y se vuelve a alargar, y se mueve, una onda tras otra, como las parras de las cenefas y frisos, que se enroscan una tras otra, (y de las que cuelgan formas uterinas en lugar de racimos de uvas); una ola tras otra, como los dibujos de los tentáculos de los pulpos en las vasijas neolíticas... hasta que el útero, más allá de su forma, se hace todo latido, pulso, ritmo, que irradia y expande el placer (por eso la oxitocina y el placer son también pulsátiles y rítmicos).

 

O la 'pista` de las mujeres de Arabia Saudí, bailando la danza del vientre en corro alrededor de la parturienta, para inducir su movimiento uterino... o el movimiento de los delfines, o la experiencia conocida de la pornografía por la cual sabemos que el neocórtex puede inducir la excitación sexual, a falta del deseo de el/la otr@, y no solo la falocéntrica...

La danza del vientre, dice Karmele O'Hanguren: no tiene fecha de nacimiento, pero parece ser la supervivencia de una forma de danza ligada a los ritos de fertilidad y maternidad, ya que reproduce simbólicamente los movimientos de la concepción y del alumbramiento... En sus distintas versiones, que van desde el raks sharki con música clásica árabe, al estilo baladí más popular, la danza del vientre es uno de los bailes más sensuales del mundo reservado únicamente a mujeres. .... Las mujeres que la practican obtienen importantes beneficios fisicos, como la regulación de los ciclos menstruales, la renovación de la energía corporal y un conocimiento mayor del cuerpo y de los propios sentimientos. No requiere un cuerpo escultural ni un vientre plano, por lo que las aprendices de bailarinas aprenden a amar su cuerpo y a descubrir su gracia y su sensualidad. Por estos motivos, la danza oriental vive un momento de gran auge,... lo que la experta Isabel Fuentes ha constatado en su academia de baile de Granada...

Por último, recordar que los ejercicios que se recomiendan para fortalecer los músculos pélvicos en la preparación al parto, también sirven en las no embarazadas para despertar el útero inmovilizado.

También podemos afirmar que mujeres que conocemos, sin mediar prácticas femeninas olmecas, ni visualizaciones hindúes, ni pases mágicos, ni danzas del vientre, con el solo hecho de saberlo, han recuperado la percepción sensible de su útero.  Por eso creo que aun siendo difícil, no es imposible perder la rigidez e insensibilidad producidas por la represión de la sexualidad básica, a lo largo de toda una socialización castradora.
 
El yoga también nos puede ayudar. Yo no lo practico ni lo conozco, pero transcribo una carta de un amigo: Tanto el yoga... como otras terapias se basan en los siete chakras de energía del ser humano. La kundalini (representada simbólicamente con una serpiente enroscada) es la energía vital que se encuentra en el segundo chakra, a la altura de los genitales, y la función de este chakra es movilizar la kundalini (la serpiente se desenrosca y se mueve) y redistribuirla por todos los otros cinco chakras (el primer chakra, que se encuentra más o menos entre los genitales y el ano, es el encargado de tomar contacto con la energía vital de la tierra para que el segundo chakra la pueda canalizar). Tanto en yoga como en las psicoterapias corporales que te comento son práctica habitual ejercicios de movilización de la cadera para activar la kundalini, es decir, la energía vital  y/o sexual. Una persona con poca movilidad y conciencia de esa parte del cuerpo es una persona que no canaliza correctamente esa energía. Es un poco como las danzas del vientre de las sociedades matrísticas del neolítico...

[…] Otro, aspecto que tiene que ver con la represión de la sexualidad femenina, que se inicia en la más temprana infancia, es la estricta educación postural que nos disciplina para sentarnos en sillas con las piernas juntas y la pelvis rígida, forzando el ángulo recto e impidiendo su posición natural y su balanceo.

 

La vida a ras de suelo, como todavía vemos en algunos pueblos no occidentalizados, y concretamente la posición en cuclillas, con el sacro casi tocando el suelo, las piernas dobladas y abiertas a la altura del pecho (tal y como aparece la mujer de la etnia san en la fotografía), hace que el útero quede suelto y descienda; en cambio cuando nos sentamos en una silla, se queda aprisionado. La forma de vida a ras de suelo, con su continuo agacharse y levantarse, además hace que la pelvis esté en continuo balanceo, movilizando los músculos del vientre. Sabemos que el movimiento de la pelvis desencadena el del útero; como también sucede cuando apretamos las nalgas o los muslos, cuyo roce interno acaricia las paredes uterinas y desencadena su temblor y su latido. Así mismo la forma de agachamos cambia.

 

Si nos fijamos, las mujeres africanas y otras de culturas poco occidentalizadas, se agachan sacando el trasero, a diferencia de las que hemos sido educadas en Occidente, que hemos aprendido a agacharnos forzando la columna vertebral, para doblamos metiendo el trasero sin balancear la pelvis; aquí, agachamos sacando el trasero se consideraría una obscenidad.

 

Sin embargo, nuestra manera de doblarnos para agachamos, no es natural ni es buena para la columna. Invito a probar a agacharse sacando el trasero, para comprobar que de esta manera, la columna siguiendo los huesos pélvicos, no sufre; por el contrario, es una postura cómoda en la que se puede realizar cualquier tarea. Todo esta educación que acontece a lo largo de la socialización de las niñas, es lo que hace que desde hace siglos los úteros sean espásticos y que el parto se realice con dolor. Casilda Rodrigañez.