4. EL CONCEPTO DE BIUNIDAD DEL COSMOS EN LAS MITOLOGÍAS PREINDOEUROPEAS

Guillermo Piquero


 Hipótesis Gaia y biosfera: la ciencia confirma el mito.
Hipótesis Gaia y biosfera: la ciencia confirma el mito.

    A pesar de que el lenguaje arquetipico y simbolico de los mitos, ha sido y aún es utilizado por las culturas indígenas como un sistema de aprendizaje con el que explicar y transmitir de manera sagrada el funcionamiento del universo, hoy en día nos resultaría impensable que en la clase de ciencias o de biología de nuestros hijos se explicarán los procesos naturales de nuestro planeta mediante poemas o relatos sin una supuesta base racional y científica.

 

    Y es que la visión generalizada de nuestra sociedad y la que en su mayor parte transmitimos a los niños en las escuelas, sigue siendo que la mitología de los pueblos indígenas es un conjunto de leyendas y cuentos fantasiosos creados por nuestros ancestros para explicar el mundo, puesto que en esa época lejana carecían de los instrumentos científicos y tecnológicos para entenderlos. Esta visión ha quedado plasmada en la frase "eso es un mito", para referirnos a algo que siendo falso es tomado por verdadero.

 

    Pero… ¿Y si fuera al revés?, ¿Y si fuéramos nosotros, ciudadanos civilizados del SXXI quienes fruto de nuestra ignorancia y de nuestra desconexión con el mundo natural, hemos tenido que recurrir a la tecnología para llegar a las mismas conclusiones que nuestros más remotos ancestros ya expresaban a través del lenguaje arquetípico y simbólico?

 

    Un punto de inflexión en este sentido supuso la presentación hace 40 años de la famosa Hipótesis Gaia. Su creador, James Lovelock la dio a conocer oficialmente al mundo través de un libro que tituló “Gaia. Una nueva visión de la vida sobre la tierra”.  

 

    Lovelock, tras años de complejos estudios interdisciplinares, llego a la conclusión de que nuestro planeta es un ente vivo, un gran organismo compuesto por la interrelación de todos los seres vivos. Según su hipótesis, la atmósfera y la corteza terrestre se comportan como una sola unidad orgánica que se autorregula y se autoregenera para mantenerse en equilibrio. Esto es de manera muy sintética lo que los científicos denominan biosfera.

 

    Lovelock tuvo que estudiar varias carreras universitarias, trabajar en la Nasa, etc… para decir a través del lenguaje cientifico lo mismo que llevaban diciendo los pueblos indígenas desde el principio de los tiempos a través del lenguaje mítico y poético: Que la Vida es un Gran Tejido Sagrado formado por la interrelación de todos los seres seres vivos. Y que todos ellos son a su vez fruto de la unión sinérgica entre los dos grandes principios fundamentales aque alientan la vida: el principio activo masculino celeste (atmosfera) y el principio femenino receptivo terrestre (la corteza terrestre).

Hieros Gamos. Un rito de origen preindoeuropeo que celebra el matrimonio sagrado entre el Cielo Y la Tierra.
Hieros Gamos. Un rito de origen preindoeuropeo que celebra el matrimonio sagrado entre el Cielo Y la Tierra.

 

La unión sagrada Tierra-Cielo

Se podría decir que lo que los científicos actuales denominan biosfera, nuestros ancestros lo llamaban la unión sagrada entre la Tierra y el Cielo. Así, tal concepción del universo era explicada y ritualizada anualmente por las primeras culturas agrícolas del Neolítico, a través de una ceremonia sagrada que hoy conocemomos como Hierogamia (matrimonio sagrado) y en la que también tenían lugar diversos ritos relacionados con la sexualidad sagrada para propiciar la renovación estacional de la naturaleza. 

 

    Pero esta rito era tan solo una parte de un relato mitológico más amplio, que se extendia durante todo el año a través de diferentes fechas ceremoniales. Su escenificación anual comenzaba con la llegada del Nuevo Sol (solsticio de invierno) momento en el que la Diosa daba a luz a un hijo (Dios de la fertilidad y de las cosechas) que, con el paso de los meses, se convertiría en su amante (epoca de siembra). Y esto no tiene nada de incestuoso como insisten algunos autores, sino que debe ser entendido desde la perspectiva simbólica preindoeuropea de que la Gran Diosa, como símbolo del Todo, emana de su propio ser el principio masculino de la naturaleza para autofecundarse (partenogénesis).

 

    El relato proseguía con distintas fechas ceremoniales que seguían un ritmo paralelo a los ciclos estacionales del sol, como por ejemplo la celebración del proceso de maduración de los frutos, la recogida de las cosechas  o el posterior marchitamiento de la naturaleza, hasta que finalmente el Dios anual de la fertilidad moría en Shamain (1 de noviembre, Día de Todos los Santos) y regresaba al interior de la tierra, al inframundo, de dónde renacería en el siguiente solsticio de invierno. Así lo expresan simbólicamente las mitologías egipcia y sumeria, dónde tanto Isis como Isthar deben descender al inframundo para traer de vuelta a Osiris y Tammuz respectivamente para comenzar un nuevo ciclo. Es decir, la Gran Diosa eterna e inmortal, iba en busca del Dios de la fertilidad, un dios mortal que nacía y moría cíclicamente como el poder fertilizador que encarnaba.

El Dios de la fertilidad Cernunnos representado en el caldero de Gundestrup. Sostiene en su mano derecha un torque y en su mano izquierda una serpiente con cuernos de carnero, un culebro, simbolo de su vinculo con la energía vivificadora celeste.
El Dios de la fertilidad Cernunnos representado en el caldero de Gundestrup. Sostiene en su mano derecha un torque y en su mano izquierda una serpiente con cuernos de carnero, un culebro, simbolo de su vinculo con la energía vivificadora celeste.

    En resumen: podríamos decir que el Dios de la fertilidad (El Hombre Verde, el Dios Astado, el Señor de los animales y de los bosques,...) encarna los EFECTOS que el principio de fertilidad masculino produce sobre las cosechas y la naturaleza. Pero aún nos faltaría  por salir a escena en nuestro relato un último  personaje que representa a la CAUSA de dicha fertilidad, a la energía vivificadora celeste que impregna y propicia la fecundación de la naturaleza terrestre. Dicha energía celeste era representada por nuestros ancestros a través de la imagen simbólica del fuego de las alturas, del haz de luz alargado y luminoso que  forman los rayos del sol o los relámpagos en sus sacudidas.  Y así,  concluyeron  en identificar simbólicamente a esa fuerza inconmensurable que descendía desde las alturas como un culebro de fuego, como un dragón que penetraba en las simas y cavidades uterinas para fecundar a la Madre Tierra.

Gárgola-Dragón escupiendo el agua de lluvia.
Gárgola-Dragón escupiendo el agua de lluvia.

     Este simbolismo arquetípico del principio masculino celeste también otorgaba al dragon la facultad de ser  portador de la lluvia seminal que provocaba la germinación de la naturaleza (atributo por otra parte ampliamente compartido por numerosas mitologías de todos los continentes). Quizás así por fín comprendamos mejor el porque de la insistencia de los sabios canteros medievales por esculpir infinidad de gárgolas con forma de dragón que escupen el agua de lluvia recogida por los tejados de numerosos templos, catedrales y edificios. Y por eso también, las tormentas, como anunciadoras de ese agua de vida, debieron de ser entendidas por nuestros antepasados como momentos en los que tenía lugar la unión sexual entre el Padre Cielo y la Madre Tierra, como un fenomeno atmosferico que traía la fecundidad y la fertilidad a nuestro planeta (Y esto es completamente real desde el punto de vista científico, pues los relámpagos restituyen la carga eléctrica que constantemente cede la tierra a la atmosfera. Sin esta recarga o reequilibrio energético la vida en la Tierra no sería posible. Por tanto, el rayo, el culebro de fuego, efectivamente juega un papel fertilizador sobre nuestro planeta).

 

Mari y Sugaar (La Diosa y el Dragón)

Una prueba de lo expuesto hasta ahora la encontramos en la mitología del pueblo vasco que, al haber preservado muchos elementos culturales de origen preindoeuropeo, constituye una especie de Piedra Rosseta que nos ayuda a comprender el significado original de algunas leyendas mitológicas que han quedado desdibujadas, bien por el paso del tiempo, bien por la tergiversación maliciosa de las religiones patriarcales. Así, mucho antes de que la mitología patriarcal del Génesis condenara al amante alado de Eva a morder el polvo y reptar sobre la tierra, antes de que el cristianismo romano lo convirtiera en el demonio al que San Jorge o San Miguel debían pasar por su lanza o espada, Sugaar, el culebro de fuego de la mitología vasca, era venerado como el amante de la Gran Diosa Mari.

 

    De los retales culturales que consiguió rescatar el etnografo J.M. Barandiaran de la tradición oral vasca sobre las creencias relacionadas con esta pareja mítica, destaca la creencia de que la unión sexual entre Mari y Sugaar desatata furiosas tormentas. Parece ser por tanto que los vascos, como otros pueblos indígenas, explicaban este fenómeno atmosférico como una unión sagrada entre el Cielo y la Tierra, entre los principios masculino y femenino de la naturaleza. Y así lo expresa el gran historiador de las religiones y mitologías arcaicas Mircea Eliade para quien la tormenta es el símbolo de la hierogamia Cielo-Tierra.

SUGAAR. Oleo de Paz Treuquil.
SUGAAR. Oleo de Paz Treuquil.

    Por otro lado, la identificación del dragon como encarnacion animista del relámpago y por extensión de la energía celeste, se corrobora a través de los testimonios recogidos por Barandiaran en las comunidades rurales vascas de principios del SXX. Así uno de los consultados afirmó que suele atravesar el firmamento en forma de media luna de fuego, justo antes de una tempestad. Según otro testimonio su aparición es en forma de fuego, pero no se le ve la cabeza ni la cola; es como un relámpago.

 

    Y en el mismo sentido, la etimologia de Sugaar es sumamente esclarecedora y a la vez polivalente: Por un lado podría ser "serpiente macho" o "culebro", de suge (serpiente) + ar (macho); pero otros autores también sugieren que su etimología podría significar "llama de fuego", de su (fuego) + gar (llama). En otras comarcas vascas también se le conoce como Suarra que podría traducirse como "gusano de fuego", de su (fuego) + arra (gusano). Finalmente en otras zonas responde al nombre de Sugoi, para lo que algunos autores sugieren la interpretación de "fuego de arriba o del cielo", de su (fuego) + Goi (arriba, cielo).


     Estos relatos en torno a los amantes Mari y Sugaar pueden considerarse como una reliquia de la Europa primigenia, ya que conservan aún el simbolismo original del personaje del dragón como amante de la Gran Diosa y lo relacionan directamente con las celebraciones del Matrimonio sagrado neolítico. Por eso, en muchas leyendas europeas, incluidas las vascas, el dragón aparece vinculado al interior de una cueva, al útero de la Diosa-Madre, pues es ahí donde su energía vificadora permite la gestación de la vida. Más tarde, el cristianismo romano tergiversaría esta relación amorosa degradando a la Gran Diosa al papel de princesa y al dragón en un maligno y despiadado raptor. Así, el nuevo representante del principio masculino de la naturaleza paso a ser el heroe caballeresco patriarcal, que hundía su lanza o espada sobre el cuerpo del dragón para salvar a la princesa.

 

    Un poco menos drastica fue la transición mitológica entre los vascos, pues la cosmovisión preindoeuropea pervivió hasta tiempos históricos recientes. Por eso, en vez de demonizar  abiertamente a Mari y Sugaar, la nueva estirpe caballeresca se atribuyo ser parte de su linaje.  Esto se aprecia claramente en la leyenda recogida por Lope García de Salazar en el SXV, dónde afirmaba que el mítico primer Señor de Bizkaia, Jaun Zuria, era hijo de una princesa y de un diablo, al que en Vizcaya llaman culebro.

San Miguel matando al dragón. Una imagen simbolica bien explicita para dejar claro las intenciones del cristianismo romano para con la cosmovisión pagana.
San Miguel matando al dragón. Una imagen simbolica bien explicita para dejar claro las intenciones del cristianismo romano para con la cosmovisión pagana.

    El relato más temprano de la persecución mitológica de esta pareja de amantes aparece en el Antiguo testamento: "En el Génesis (que coincide con la fecha en la que algunos historiadores y arqueólogos datan la generalización de la revolución patriarcal, es decir, aproximadamente, en el 2.500 a.c.) la serpiente es el símbolo del mal, del demonio que induce a Eva al pecado y a desobedecer a Yavé, el Señor que representa el bien. Yavé, […] condena a Eva (y con ella, a todas las mujeres) por dejarse seducir por la serpiente a parir con dolor y a vivir bajo el dominio del hombre.” Casilda Rodrigañez

     Con estas cariñosas palabras describen en el Genesis a la serpiente: “La serpiente era la alimaña más insidiosa de entre todos los seres creados por Dios” (Génesis 3, 1)

     Algunas evidencias muestran que la serpiente del Génesis era alada, es decir, era un dragón. Sólo así entendemos porqué, tras el pecado original,  se la condena a ir sobre su vientre y comer el polvo, dejando claro que antes, el suelo, no era su principal hábitat. Además deja clara la estrecha relación que existía entre el dragón y Eva cuando le dice que pondré enemistad entre ti y la mujer: “Porque has hecho esta cosa, tú eres la maldita de entre todos los animales domésticos y de entre todas las bestias salvajes del campo. Sobre tu vientre irás, y polvo es lo que comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia." (Génesis 3:14-15).

     Un pasaje del Apocalipsis deja definitivamente claro el asunto cuando se refiere a la serpiente como dragón: “Vi descender del cielo a un ángel que llevaba en su mano la llave de la gran gruta subterránea y una gran cadena. Apresó al dragón, a la serpiente antigua (esto es, el diablo o Satán) y lo encadenó por mil años. Lo arrojó a la gruta, cerró la entrada con la llave y la selló hasta que se cumplieran los mil años, para que no encandilará  a la gente en adelante.” (Apocalipsis, 20).

SILUETA DE MARI. El Monte Anboto visto desde Urkiola. Según la tradición, en el se puede ver a Mari recostada. De izqda a dcha. : Melena, ceja, ojo, nariz, boca, barbilla y cuello.
SILUETA DE MARI. El Monte Anboto visto desde Urkiola. Según la tradición, en el se puede ver a Mari recostada. De izqda a dcha. : Melena, ceja, ojo, nariz, boca, barbilla y cuello.

    Finalmente, y tomando como referencia a la lengua vasca, el euskera (la última lengua preindoeuropea de Europa Occidental), podemos entender un poco mejor el simbolismo arquetípico que contiene la “relación” entre Mari y Sugaar. Pues bien, en euskera la palabra relación se dice harreman, compuesta en su etimología básica por ar (masculino) eme (femenino), pero que también podemos interpretar desde la manifestación dinámica de estas dos energías, así tenemos: Har (tu) del verbo “coger, tomar” y eman, del verbo “dar, ofrecer”. Encontramos pues, en la etimología de esta palabra, una hermosa síntesis lingüística y filosófica de las dos polaridades energéticas de la naturaleza, cuya complementariedad (harreman) conforman la unidad primordial de todas los seres y procesos naturales.

SILUETA DE SUGAAR en las Peñas de Arangio (Junto al Monte Anboto). Según la tradición oral de Otxandio se puede ver al dragón tumbado. De dcha. a izqda: hocico, ojo, pata delantera y cuerpo alargado.
SILUETA DE SUGAAR en las Peñas de Arangio (Junto al Monte Anboto). Según la tradición oral de Otxandio se puede ver al dragón tumbado. De dcha. a izqda: hocico, ojo, pata delantera y cuerpo alargado.

     Por tanto, y si proyectamos este concepto a las “relaciones” humanas, tenemos que para nuestros ancestros creadores del idioma y de la cosmovisión vasca, la  armonía entre las personas se basaba en el equilibrio entre el “dar” y el “recibir”, entre ar y eme, entre lo masculino y lo femenino. Esta es la analogía contenida en las ceremonias del Matrimonio sagrado neolítico (hierogamia) en las que sus ritos se ocupaban tanto de armonizarse con las fuerzas duales de la naturaleza (femenino-terrestre y masculino-celeste) como con las “relaciones” humanas entre el hombre y la mujer. Y esto es, en definitiva, lo que simboliza y enseña la relación entre Mari y Sugaar: la armonía y complementariedad entre las dos polaridades de la naturaleza, lo que en la tradición alquímica se denomina andrógino sagrado.

 

La cueva-útero de Nenkovo (Bulgaria):

La unión sagrada entre la Tierra y el Cielo era celebrada y escenificada en la Europa antigua a través de diversas ceremonias sagradas. Entre ellas, una de las más importantes debió de ser la celebración del solsticio de invierno, fecha que marcaba el inicio del año en las culturas arcaicas por ser el momento en el que el sol, en su movimiento aparente, comienza su ciclo de ascenso. Y así, volviendo a ese banco de datos que es el euskera sobre la cosmovisión preindoeuropea, nos encontramos con que tradicionalmente, la felicitacion del año nuevo entre los vascos se realizaba (al igual que otros muchos pueblos indígenas) con la expresión "Eguberri on", de Egu (sol)+ berri (nuevo) + on (bueno), es decir, que tengas un "Buen nuevo sol."

Entrada a la Cueva.Útero de Nenkovo, en Tracia, Bulgaria (3.000 años de antiguedad).
Entrada a la Cueva.Útero de Nenkovo, en Tracia, Bulgaria (3.000 años de antiguedad).

    Así, el Eguberri era escenificado por nuestros ancestros en algunos templos megalíticos que evocaban la anatomia sexual femenina (Dolmen de corredor) y en el que al amanecer del solsticio de invierno un haz de luz (culebro) penetraba por la puerta de entrada (vagina), avanzaba a lo largo de un pasillo o corredor (cuello del útero) hasta desembocar en una sala o cámara (matriz). Pero en algunos casos singulares, cuando todos los factores geográficos y astronomicos se alinean y coinciden, no era necesario construir un templo y utilizaban el espacio uterino terrestre por excelencia: la cueva. Así ocurre en la conocida como Cueva-Útero de Nenkovo, en la regíon de Tracia (Bulgaria), un lugar de culto absolutamente excepcional, dónde la cosmovisión preindoeuropea se manifiesta de manera explicita sin dar pie a dudas, hipótesis o dobles interpretaciones. Quienes la construyeron hace al menos 3.000 años, aprovecharon la forma natural de la entrada de una caverna y la moldearon hasta terminar por esculpir una gran vagina a través de la cual los rayos de sol penetran durante el solsticio de invierno hasta un altar situado en el fondo de la cavidad.

 

    La cueva esta situada en lo alto de una montaña, en una zona agreste próxima a la ciudad de Kardzhali, en Bulgaria. Tiene una profundidad de 22 metros, una altura de 3 m. y una ancura de dos metros y medio aproximadamente. Todos los días sobre el mediodía, a través de la grieta superior de la vagina, entra un rayo de sol. Dependiendo de la época del año, el rayo alcanza diferentes profundidades, y en el solsticio de invierno, el rayo de sol recorre toda la distancia de 22 metros y llega al fondo donde permanece durante unos minutos.

 

    La historiadora Ana María Vazquez Hoyos afirma como la unión sagrada entre los principios masculino y femenino de la naturaleza también era celebrada a través de ritos relacionados con la sexualidad sagrada que debieron de tener lugar en la cueva de Nekovo: "Los cultos de fertilidad y las ceremonias de iniciación sexual se llevaban a cabo en estos sitios especiales, en lugares agrestes, en los que hombres y mujeres llevaban a cabo los ritos de renovación de la vida, protegidos y auspiciados por la Gran Diosa Madre. (...) No cabe duda de que esta es la cueva-matriz de cuya existencia quedan recuerdos en antiguos mitos. Este fue el lugar donde los ritos órficos alcanzaron su clímax. […] Una vez al año, jóvenes solteros y jóvenes doncellas se reúnen en las cuevas locales para tomar parte en el sacramento de la concepción. El paralelo con el relato de Herodoto es obvio. Este autor es el que se refería a los ritos sexuales que se llevaban a cabo en la cueva del templo de Samotracia. El mismo ritual tenía lugar en el antiguo templo órfico de Delfos. Tambien Eurípides, en su obra Las Bacantes señala que las orgías dionisíacas tenían lugar en cuevas con aguas subterráneas en las que se suponía que había sido educado Dionysos. El río Perpereshka nace en la proximidad de esta cueva sagrada y Perperikon, célebre lugar de culto de Dionysos está solo a unas doce millas.”  Ana Mº. Vázquez Hoyos

 

El templo-útero de New Grange (Irlanda)

Las evidencias arqueológicas nos muestran que la cosmovisión preindoeuropea fue compartida por una gran amalgama de culturas que habitaron un inmenso territorio geográfico durante el Neolítico y la Edad del Bronce. Así, a casi 4.000 kilometros de distancia de la cueva de Nenkovo, en el territorio de la actual Irlanda, se alzó (y  aún se alza, aunque reconstruido en parte) una de los más impresionantes estructuras megaliticas de la  prehistoria: el Templo de New Grange. Con una antiguedad que sobrepasa los cinco mil años años (3.200 a.c.), su construcción es anterior al Templo de Stonehenge o a las pirámides de Egipto.

Aspecto actual del remodelado Templo de New Grange, cuya construcción original data de hace 5.200 años.
Aspecto actual del remodelado Templo de New Grange, cuya construcción original data de hace 5.200 años.

    Los arqueólogos suelen clasificar a Newgrange como una "sepultura de corredor", pero sin duda es mucho más que eso.  En este Templo circular de casi media hectarea de superficie, el matrimonio sagrado, la unión entre el Cielo y Tierra, también era celebrada y escenificada durante el solsticio de invierno de una forma similar a la de la Cueva de Nenkovo. Durante las mañanas de los tres dias anteriores y posteriores  del solsticio de invierno, el sol naciente brilla directamente a lo largo de un pasillo de 18 metros de longitud hasta iluminar la cámara interior durante aproximadamente 17 minutos. El profesor Michael J. O'Kelly fue la primera persona en los tiempos modernos en observar este evento el 21 de diciembre de 1967. El sol ingresa al pasaje a través de una abertura especialmente diseñada sobre el dintel de la puerta de entrada. En la actualidad, el primer haz de luz entra unos cuatro minutos después de la salida del sol, aunque las investigaciones muestran que hace 5.000 años, este hecho ocurriría exactamente en el momento del amanecer

 

    En su interior se encontraron pequeños restos humanos de cinco personas, por los que entre sus diferentes funciones ceremoniales podría estar la de sepulcro. Por ello es generalmente catalogado como una tumba megalítica, aunque también existen voces críticas con esta definición, por ejemplo la del escritor Chris O'Callaghan, quién prefiere utilizar el término "Templo de la vida": Propongo que la descripción comúnmente acuñada de "tumba / sepultura de corredor" tergiversa seriamente lo que los  astrónomos, arquitectos, ingenieros, artistas, constructores, así como los cientos de trabajadores, lograron en la cordillera de Newgrange hace más de 5.000 años: una fusión de creencias, astronomía, ingeniería y logística que funciona tan eficientemente hoy como cuando se construyó hace más de 5,000 años (...) Newgrange se edificó para celebrar la unión del Sol con la Madre Tierra. La "Ventana del Sol", cuidadosamente construida, permite que al amanecer del solsticio de invierno el Sol penetre en el pasaje del montículo (que representa a la Madre Tierra) y llegue hasta la cámara (que representa la matriz).

Chris O'Callaghan, "New Grange: Temple to life"

 

 

 

Sepulcro prehistórico de Huerta Montero (España)

Si existen dudas sobre la posible función sepulcral del Templo de New Grange, aquí si que no existe ninguna. En la estructura megalítica de 4.650 años de antiguedad y conocida actualmente con el nombre de Sepulcro prehistórico de Huerta Montero (Badajoz, Extremadura), la luz del solsticio de invierno iluminaba un enterramiento colectivo en el que los muertos de sucesivas generaciones fueron colocados en posición fetal. Este santuario, en el que se han hallado restos de más de 100 personas y que estuvo activo durante más de 1.000 años, es sin duda un libro abierto sobre las creencias de nuestros ancestros: la vida permanece latente (difuntos) en la matriz de la Madre Tierra (camara del sepulcro) a la espera del poder fertilizador del sol (haz de luz), cuyo ciclo ascendente comienza cada solsticio de invierno y con él la regeneración de la vida.

Sepulcro prehistórico de Huerta Montero (Extremadura, España). Una antigueduedad mínima de 4.650 años.
Sepulcro prehistórico de Huerta Montero (Extremadura, España). Una antigueduedad mínima de 4.650 años.

    "Se construyó excavando hasta una profundidad de 2m, tiene una longitud total de 15,40m. Dividida en tres tramos, los 7m primeros corresponden a la rampa de acceso, continua con 4m de corredor que desembocan en una cámara circular, techada con una falsa bóveda, de 4,60m de diámetro. Su antigüedad es de 4.650 años (tercer milenio a.C.) según los análisis de C14, se utilizó como enterramiento colectivo durante unos 1.000 años. En total se entierran 109 individuos, los huesos aparecen muy deteriorados y revueltos por toda la cámara, pero se pudo detectar cuatro individuos colocados en posición fetal que es como originariamente se depositaban. La tumba no solo es considerada un lugar de enterramiento, también cumple la función de lugar donde residen los antepasados y posiblemente recibieran culto por considerarse mediadores con el Mundo Espiritual. En este sentido interpretamos que la orientación de la tumba proyectada para que el sol penetre a través del corredor en la cámara el día más corto del año (durante el solsticio de invierno) puede estar motivada por una ceremonia que se realizara para ofrendar la luz del nuevo sol a sus difuntos."

 

 

Ana Trejo Pulido nos explica su visión sobre el sepulcro de Huerta Montero en su artículo, "Al principio fue el útero."

 

" (...) El significado o interpretación del solsticio de invierno ha variado en las distintas culturas del mundo, pero la mayoría de ellas lo reconoce como un período de renovación y renacimiento, que conlleva celebraciones, fiestas, reuniones o rituales.

 

Cuando el guía nos explica que los muertos eran enterrados en posición fetal lo veo todo claro. Siento como si tuviera a la gran arqueóloga Marija Gimbutas preguntándome al oído ¿y tú que ves, Ana? 

 

Miro al horizonte y me imagino a lo lejos, frente al túmulo de tierra que cubre la cúpula del enterramiento. Veo un Útero de piedra y barro, el vientre de la Diosa, veo la representación de lo divino femenino de la sociedad del Calcolítico de lo que sería Almendralejo. Veo el principio. La tumba representa un útero y es la representación de la Diosa de la fertilidad, la muerte y la regeneración, a través de la cual nuestros ancestros y ancestras dotaban de significado al mundo, que percibían como un continuum de vida-muerte-vida.

 

Veo la vagina (rampa y corredor), el cuello del útero (puerta que sella la entrada) y el útero (cámara funeraria) de la Diosa, que alberga en su seno los cadáveres en posición fetal.

 

Y en mi cabeza, reescribo la narración que no se cuenta, la historia de la Diosa.

 

En la fecha del solsticio de invierno, los hombres y mujeres celebraban a la Diosa. Apartaban la puerta de piedra que sellaba el sepulcro. La tumba se abría, como se abre la tierra para abrigar la semilla, para ofrecer las piedras; como se abre el cuerpo de una mujer para acoger al cuerpo del hombre. Tras la noche más larga, por un momento, lo vivo y lo muerto debían ser una sola cosa y este hecho era digno de festejarse. La Diosa-Madre-Tierra se abría a la luz del sol que penetraba en ella, llenándola de la energía vital. Un nuevo ciclo comenzaba. Una consciencia particular sobre la muerte se daba entonces, la percepción de la muerte como transformación de un estado a otro, más allá de la muerte como hecho puntual del ciclo vital, o de la muerte como sentimiento de pérdida. Para enfrentarse a esta nueva dimensión, la humanidad se dotó del arte y de la espiritualidad. (...)" Ana Trejo Pulido, "Visita al Sepulcro Prehistórico de Huerta Montero: al principio de todo fue el Útero".

 

* Otro articulo que describe el simbolismo del utero de la Diosa como lugar de regeneración que acoge el espíritu de los  difuntos puede leerse en este enlace: En el vientre de Ama Lur